Una pequeña joya sobre la motivación por el cambio. Vídeo altamente inspirador!
sábado, 11 de mayo de 2013
La motivación por el cambio.
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viernes, 10 de mayo de 2013
La psicología positiva
La psicología positiva es una rama de la psicología de nueva aparición que busca comprender, a través de la investigación científica, los procesos de las cualidades y emociones positivas de la persona, durante mucho tiempo ignoradas por la psicología.
Lo que nos decimos a nosotros mismos afecta radicalmente la calidad de nuestras vidas y nuestra habilidad para hacer las cosas efectivamente. Somos lo que pensamos, si nuestro discurso interior es negativo pues somos eso, personas pesimistas irradiando energía negativa., En cambio, si nuestro discurso interior es positivo somos personas que creemos y irradiamos energía positiva.
La gente de espíritu negativo se llena de comentarios derrotistas, repitiéndose continuamente. Frases del "todo o nada" (Todo me sale mal, Nada me sale bien ...) o del "siempre o nunca" (Siempre tengo mala suerte, Nunca tengo suerte en la vida ...) suelen ser de esta índole .
Las afirmaciones son pensamientos positivos que repetimos para sembrarlos en la conciencia. A través de la repetición de frases positivas (afirmaciones) alimentamos nuestro cerebro con ideas productivas que nos encaminarán a realizar acciones productivas. La mente humana es infinitamente poderosa y si no le damos un objetivo claro, la mente con toda su energía no focalizada va saltando de una idea a otra sin saber qué hacer. En cambio, si ponemos en la mente ideas claras y propósitos definidos crearemos una realidad como nosotros queremos.
El principio de las afirmaciones positivas consiste en escoger los propios pensamientos, aquellos que definen más tus deseos y utilizarlos el número de veces que sea necesario para que su fuerza creativa nos encamine a tomar las acciones que producirán resultados en el mundo real.
Uno de los best sellers que ha puesto en boga el tema de las afirmaciones positivas es "El secreto" de Rhonda Byrne (2006). Algunas afirmaciones que plantea el libro y que pueden resultar de mucha utilidad son las siguientes:
• La ley de la atracción plantea que el parecido atrae a lo semejante, así si tenemos un pensamiento positivo atraemos más pensamiento positivos ya la inversa.
• Los pensamientos son magnéticos y tienen una frecuencia. Cuando pensamos, los pensamientos son enviados al Universo y atraen magnéticamente a todas las cosas que están en la misma frecuencia.
• Nuestros pensamientos actuales están enfocando nuestro futuro. Aquello en lo que pensamos se manifestará en nuestra vida futura.
• El Proceso Creativo plantea cómo conseguir lo que deseamos: pidiendo, teniendo fe en que lo recibiremos y recibiendo.
• Creer implica actuar, hablar y pensar como si ya tuviéramos lo que deseamos. Si emitimos la frecuencia de que ya tenemos la ley de atracción nos lo da.
Precisamente el libro "El secreto" plantea que para conseguir lo que deseamos una de las herramientas más potentes con las que contamos es la imaginación. Los expertos en imaginación y visualización plantean que todo lo que somos capaces de imaginar somos capaces de conseguirlo.
La visualización creativa es nuestra imaginación aplicada a cualquier objeto que deseamos alcanzar.
Pasos para realizar una visualización creativa:
1. Tener claros los objetivos que deseamos alcanzar y creer en ellos.
2. Buscar un lugar tranquilo, un momento para ti. Relajarse con una música suave, respiración profunda ...
3. Empezar a imaginar tus objetivos, oyéndoles presentes, creyéndose los y acompañándolos de afirmaciones positivas.
4. Ser constantes.
M ª Carmen Gutiérrez Conde
Psicóloga col. nº 13.432
Creixement Global
Tel. 938646042 / 647413240
lunes, 15 de abril de 2013
¿Es mi hijo hiperactivo? Algunas aclaraciones sobre el Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad.
El trastorno por
déficit de atención con o sin hiperactividad (TDA o TDAH), es un trastorno de
origen neurobiológico que se inicia en la infancia y se caracteriza por
dificultades para mantener la atención, hiperactividad (exceso de movimiento) e
impulsividad (dificultades el control de los impulsos).
Es
un trastorno muy prevalente que, según estimaciones, afecta a entre un 5 % y
un 10 % de la población infanto-juvenil, siendo unas 3 veces más
frecuente en varones.
No
obstante, es importante diferenciar este trastorno de niños que son algo movidos
o despistados. Para hablar de trastorno es necesario que los síntomas se den
con mayor frecuencia e intensidad que en niños de su misma edad, y que estos
síntomas interfieran en su vida diaria creando malestar tanto en el niño como
en el entorno.
Representa
entre el 20 % y el 40 % de las consultas en los servicios de
psiquiatría infanto-juvenil.
Según los síntomas
principales, existen 3 subtipos de TDAH,
según los principales síntomas:
• Con predominio del
déficit de atención.
• Con predominio de
la impulsividad-hiperactividad.
• Combinado: aparece
tanto la falta de atención como la hiperactividad.
Los síntomas
Como ya hemos
comentado, dependiendo del subtipo de trastorno, cada niño presentará ne mayor
intensidad unos síntomas u otros. A continuación presento los principales
síntomas asociados al trastorno. No obstante, para diagnosticar el TDAH no
basta con que el niño presente alguno de los siguientes síntomas, sino que es
un profesional quien deberá diagnosticarlo según la clínica de cada paciente.
Las
dificultades de atención y concentración
• Dificultad para establecer
un orden en sus tareas o pequeñas responsabilidades en casa.
• Le cuesta
"ponerse en marcha" (para vestirse, hacer los deberes ...), ya que se
distrae fácilmente con otras cosas poco importantes.
• Presenta problemas
para mantener la atención durante un rato y tiende a dejar una actividad por
otra al poco rato de haber empezado.
• Pierde u olvida
cosas importantes (agenda, chaqueta, juguetes, ...).
• Parece no escuchar
cuando se le habla, tiene dificultades para seguir la conversación, así como
para seguir las normas de un juego o actividad.
• A menudo olvida sus
obligaciones cotidianas (lavar los dientes, recoger la ropa, ...).
• Comete errores por
descuido en las tareas escolares u otras actividades.
• Dificultades para
prestar atención a dos cosas a la vez (por ejemplo escuchar al profesor y
apuntar en la agenda al mismo tiempo, ...)
• A menudo evita
tareas que requieren un esfuerzo mental durante un largo rato.
Cuando el síntoma
predominante es el déficit de atención, es más difícil detectarlo, ya que no se
presentan en tan alto grado problemas de comportamiento. Con frecuencia estos
niños son tildados de despistados, pasivos y desorganizados, no molestan en el
aula pero tampoco aprenden, su rendimiento no resulta satisfactorio y a veces
hay dudas sobre su inteligencia, aunque suele ser normal.
La
impulsividad
La impulsividad
implica una falta de autocontrol, es decir, tienen dificultades tanto para
controlar su conducta como para controlar sus emociones (cuando se enfadan no
controlan la rabia por ejemplo), como para controlar sus pensamientos
(organizarlos , callar algunos ...).
Principalmente
implica las siguientes dificultades:
• A menudo tiene
dificultades para pensar antes de actuar.
• Se precipita en el
habla diciendo cosas en momentos poco oportunos o respondiendo a preguntas
antes de tiempo.
• Falta de
planificación (por ej, se ponen a hacer los deberes sin tener el material).
• Interrumpe o se
meten a menudo en las conversaciones, juegos o actividades de los demás.
• Impaciencia, con
dificultades para aplazar la gratificación inmediata.
Respecto a su
rendimiento escolar, debido a la impulsividad, empiezan las tareas sin terminar
de leer las instrucciones correctamente, deben controlar los impulsos para no
abandonar una tarea aburrida y para persistir en actividades la recompensa haya
a largo plazo. A menudo, cuando realizan tareas aburridas, emplean el menor
tiempo posible y parece que hacen un esfuerzo mínimo.
La
hiperactividad
La hiperactividad va
mucho más allá de ser un "niño movido", este síntoma implica ciertas
características que hay que conocer:
• Movimiento
frecuente de pies y manos.
• Se mueve con
frecuencia en su asiento, a menudo se levanta en situaciones donde debería
permanecer sentado.
• Le cuesta
entretenerse o dedicarse a actividades tranquilas.
• Habla excesivamente
(no pueden callar en clase, hacen ruidos con la boca, cantan ..).
Causas
Hay diferentes
teorías que tratan de explicar el origen del trastorno, sin embargo, existe un
consenso mayoritario en aceptar que es un trastorno de origen neurobiológico y
muy probablemente de transmisión genética.
Así mismo, la mayoría
de estudios afirman que los factores socio-ambientales no son la causa y que éstos
sólo pueden influir en un peor pronóstico, en la mayor gravedad de los síntomas
y en la aparición de otros síntomas o trastornos asociados (ansiedad,
dificultades de aprendizaje, problemas de conducta, etc.).
Diagnóstico
Para
el diagnóstico es imprescindible una completa exploración clínica obtenida de
los padres y maestros, así como la observación del chico. Es imprescindible realizar
un un análisis de los síntomas, su
duración, lugar donde aparecen y grado de malestar que representan para la vida
académica y social del chico. El diagnóstico del TDAH se ha de basar en
criterios clínicos y nunca en la puntuación obtenida en un único cuestionario.
El diagnóstico debe realizarse por personal sanitario especializado: psicólogo
clínico o psiquiatra infantojuvenil.
Tratamiento
El tratamiento que ha
demostrado mayor eficacia es el Tratamiento Multidisciplinar o Multimodal del
TDAH, que consiste en la intervención de uno o varios profesionales clínicos
(maestros, logopedas, reeducadores, psicólogos) para tratar de forma global
esta problemática. El tratamiento multidisciplinar consiste en la intervención
a tres niveles:
1. Tratamiento psicológico dirigido a padres, profesores
y niños. Esta vertiente del tratamiento debe llevarse
a cabo únicamente por psicólogos y contempla diferentes intervenciones:
- · Psicoeducación: información sobre el trastorno tanto al niño, los padres como los profesores.
- · Estrategias de modificación de conducta cuando el niño presenta dificultades de comportamiento.
- · Estrategias para fomentar el autocontrol y mejorar la autoestima del niño.
- · Herramientas y recursos para mejorar el proceso atencional, la adquisición de hábitos, mejorar las relaciones sociales, etc.
- · Trabajo con los padres y profesores para dotarlos de recursos para poder ayudar al niño en el proceso de tratamiento.
2. Tratamiento farmacológico (únicamente cuando es necesario). El
objetivo de la medicación es la mejora de los síntomas relacionados con el déficit
de atención. Los fármacos de primera elección son psicoestimulantes que
facilitan que el niño pueda mantener una atención constante y centrada mientras
dura el efecto del fármaco. El criterio para valorar si es necesaria o no la
medicación es la interferencia del trastorno (es decir, cuando el trastorno
causa mucha problemática en el niño a nivel escolar, social, emocional ...) y
es un psiquiatra infantil o neuropediatra quien de pautar el tratamiento.
3. Tratamiento psicopedagógico.
Esta parte del tratamiento está dirigida a mejorar las habilidades académicas
del niño, ya que la sintomatología del trastorno (la baja atención,
impulsividad o hiperactividad) perjudican los procesos de aprendizaje. La vía
de elección es la Reeducación psicopedagógica que aborda de una manera muy
específica estas dificultades de aprendizaje: mejorando las dificultades de
atención, aumentando la motivación por el estudio, mejorando la comprensión, el
cálculo, etc. con herramientas muy concretas que necesitan estos niños en su
proceso académico. Los profesionales que llevarán a cabo esta parte del
tratamiento suelen ser psicopedagogos, psicólogos o logopedas, dependiendo del
tipo de dificultades que presenta cada niño.
Mª Carmen Gutiérrez Conde
Psicóloga col. nº 13432
Creixement Global
Tel. 938646042 / 647413240
domingo, 14 de abril de 2013
Afrontar la muerte de un ser querido: el proceso del duelo
“Cuando a veces me
acuesto aún me parece que siento el calor de tu cuerpo y si doy una vuelta y me roza
la sábana, me parece que es tu mano que acaricia mi frente. Y a veces me despierto en
la mitad de la noche y me quedo asustado de que no estés allí, hasta que me doy
cuenta que tú me has dejado, que me estás esperando, hasta que Dios quiera llevarme
contigo.” Burdeos Cortés, M. F. Carta
de amor de un viejo.
Duelo es una palabra derivada de dolor que significa manifestación de la pena y que se reserva para la tristeza provocada por la pérdida de una persona amada. Sería el conjunto de sentimientos, pensamientos y comportamientos que siguen a la pérdida de un ser querido (preocupaciones, llanto, tristeza, recuerdos ...).
En nuestra sociedad actual, las prácticas de duelo cada vez se reducen más. Hace tiempo, era función de la familia extensa o de los sacerdotes ayudar a las personas en proceso de duelo.
Sin embargo, debido a la diferente organización de nuestra sociedad actual (especialmente en ciudades, en las que se da una vida más solitaria), las familias extensas no ofrecen esta ayuda y esto produce aún más dificultades para asumir la pérdida. En este sentido, cada vez es más aceptado buscar esta ayuda a través de la intervención de un psicólogo o de grupos de autoayuda.
Aunque cada persona que pasa por un duelo, tiene su propia forma de afrontarlo, desde la Psicología, se habla de cuatro fases diferentes que atraviesa la persona en este proceso.
Fases del duelo normal
Fases del duelo normal
1. Aceptar la realidad de la pérdida
Cuando alguien muere, aunque esta muerte sea esperada, hay cierta sensación de incredulidad. La primera tarea del duelo es afrontar plenamente que la persona está muerta y ya no volverá. Es bastante habitual que las personas (como una medida para no sentir tanto dolor) nieguen la pérdida durante los primeros días o incluso semanas. Llegar a aceptar la realidad de la pérdida lleva tiempo, ya que no sólo implica una aceptación racional, sino sobre todo emocional.
2. Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida
Es necesario reconocer y trabajar con el dolor que siente la persona, ya que si no éste se manifestará en forma de síntomas y el curso del duelo de alargará. La negación de esta segunda fase es no sentir. La persona puede hacer como un cortocircuito, la más obvia es bloquear sus sentiments y negar el dolor que está sintiendo.
3. Adaptarse a un medio donde la persona que ha muerto está ausente
Adaptarse a un nuevo medio puede significar cosas muy diferentes dependiendo de la relación con la persona que ha muerto. En el caso de muchas viudas o viudos, lleva un período de tiempo considerable darse cuenta de cómo se vive sin la pareja. Este "darse cuenta" muchas veces empieza a partir de los tres meses e implica asumir que se vive solo, dándose cuenta de todas las funciones que desarrollaba la persona que ya no está.
Afortunadamente, la mayoría de la gente no sigue un curso negativo de esta fase, sino que decide asumir las funciones a las que no estaba acostumbrada y desarrollar nuevas habilidades.
4. Recolocar emocionalmente a la persona fallecida y seguir viviendo
Una persona en duelo nunca olvida a la persona que ha muerto, por lo tanto, la tarea del psicólogo no es ayudar a la persona a renunciar a la persona que murió, sino ayudarla a encontrar un espacio emocional adecuado para ubicar a la persona que ha muerto.
En el caso de la muerte de una pareja, algunas personas se pueden quedar bloqueadas en esta fase. Es cuando la persona encuentra la pérdida tan dolorosa que hace un pacto consigo misma de no volver a amar nunca más. Para muchas personas, esta es la tarea más difícil de superar y la función del psicólogo es acompañarla en este proceso y ayudar a abrir nuevas perspectivas de vida.
Es muy difícil saber cuándo finaliza el proceso de duelo. Desde la Psicología se habla de aproximandament dos años, si perdura más en el tiempo y la persona se ha quedado bloqueada en alguna de las fases anteriores se habla de "duelo complicado" y es necesaria la intervención de un profesional.
Duelo normal vs duelo complicado o patológico
Hablamos, por tanto, de duelo normal cuando éste se inicia inmediatamente
después, o en los meses subsiguientes, a la pérdida. No suele ser necesaria ayuda psiquiátrica y se caracteriza por las fases descritas anteriormente.
El duelo complicado o patológico
es la intensificación del duelo al nivel en que la persona está desbordada,
recurre a conductas desadaptativas o permanece inacabablemente en este estado
sin avanzar en el proceso del duelo hacia su resolución. Esto implica procesos que
no van hacia la asimilación, sino que llevan a repeticiones estereotipadas o a
interrupciones frecuentes de la curación.
Tipos de duelo complicado o patológico
- Duelo crónico: es aquel que tiene una duración excesiva y nunca llega a una conclusión satisfactoria. Las reacciones el día del aniversario son normales durante diez años o más, pero en sí mismas no indican un duelo crónico. La persona que lo sufre es muy consciente de que no consigue acabarlo.
- Duelo retrasado: se llaman a veces inhibidos, suprimidos o pospuestos. La persona puede haber tenido una reacción emocional en el momento de la pérdida, pero no fue suficiente. En un momento del futuro la persona puede experimentar los síntomas del duelo respecto a una pérdida posterior e inmediata, pero la intensidad del duelo parece excesiva. La persona tiene la impresión clara de que la respuesta que experimenta es exagerada respecto a la situación. Los sentimientos desbordantes en el momento de la pérdida pueden hacer que la persona retrase su duelo.
- Duelo exagerado: la persona que experimenta la intensificación de un duelo normal se siente desbordada y recurre a una conducta desadaptativa. Es consciente de que los síntomas y las conductas que está experimentando están relacionadas con la pérdida y busca terapia porque su experiencia es excesiva e incapacitante. Los duelos exagerados incluyen los trastornos psiquiátricos mayores que surgen después de una pérdida (ej depresión clínica, trastorno de ansiedad, fobias, abuso de sustancias...).
- Duelo enmascarado: aquellos pacientes que experimentan síntomas y conductas que les causan dificultades pero no se dan cuenta ni reconocen que están relacionados con la pérdida. Aparece de una de las dos maneras siguientes: enmascarado como síntoma físico o a través de algún tipo desadaptativa. Las personas que no se permiten a sí mismas experimentar el duelo directamente pueden desarrollar síntomas médicos similares a los que exhibía el fallecido o algún otro tipo de queja psicosomática; también se pueden enmascarar como un síntoma psiquiátrico, como una depresión inexplicable, hiperactividad u otra conducta desadaptativa.
- La persona no puede hablar del fallecido sin experimentar un dolor intenso y reciente.
- Algún acontecimiento relativamente poco importante desencadena una intensa reacción emocional.
- La persona comenta temas de pérdidas anteriores.
- No quiere desprenderse de posesiones materiales que pertenecían al fallecido.
- Desarrolla síntomas físicos como los que experimentaba el fallecido antes de la muerte.
- Hace cambios radicales en su estilo de vida después de una muerte .
- Presenta una larga historia de depresión marcada por la culpa persistente y la baja autoestima.
- Lo opuesto a esto : falsa euforia después de una pérdida.
- Compulsión a imitar a la persona muerta indicando la necesidad de compensar la pérdida identificándose con el fallecido.
- Una tristeza inexplicable que se produce en cierto momento de cada año puede ser también una pista, por ejemplo, en vacaciones y aniversarios.
- Una fobia respecto a la enfermedad o la muerte se relaciona muchas veces con la enfermedad específica que padeció el fallecido.
- Conocer las circunstancias que rodean a la muerte. Hay que preguntarles siempre cómo fue para ellos en aquel momento.
Psicóloga col. n. 13432
Creixement Global
Tel. 938646042 / 647413240
¿Tenemos miedo de ir al psicólogo?
Mucha gente sigue pensando todavía que ir al psicólogo significa que estás "mal de la cabeza", "loco" o frases de este estilo que escucho muchas veces en la primera consulta. También hay un grupo de personas que creen que ir al psicólogo es signo de debilidad, que significa admitir que "uno no puede tirar solo con sus problemas adelante".
Y es que estamos en una sociedad donde admitir que uno necesita ayuda de un profesional para solucionar conflictos emocionales o personales no está aún bien visto. En cambio sí lo está en otras cosas: cuando un coche no funciona bien normalmente lo llevamos al mecánico, no pensamos "ya se irá arreglando", cuando uno se rompe una pierna va al médico para que se la curen, cuando alguien quiere bajar de peso y le cuesta hacerlo por su cuenta acude a un dietista... Así pues, ¿por qué no podemos llamar a un psicólogo cuando intuimos o incluso sabemos que hay algo que no está funcionando bien en nuestra vida?
Lo cierto es que muchas personas no se atreven a ir al psicólogo pensando en qué dirá la gente si los ve salir de allí: "pensarán que tengo problemas familiares, que tengo ansiedad, tengo depresión, que soy un inseguro, que estoy loco ... ".
Y como dice Alex Rovira “el que realment és una
bogeria és no sotmetre’ns a revisió si sentim que ho necessitem, no
supervisar-nos, no anar a cal psicòleg o a cal terapeuta perquè ens escolti i
acompanyi, perquè ens faci un examen, perquè ens ajudi a capbussar-nos dins
nosaltres mateixos”.
Así pues, me gustaría continuar haciendo mención al escritor Álex Rovira y ofrecerles una pequeña fábula del libro "La brújula interior", que ilustra todo esto, una fábula que habla de tres personajes que creían ser el que no eran en realidad y que se complicaban la vida porque asumieron como verdades algunas que no lo eran tanto:
Había una vez una niña que se llamaba Caperucita, su abuela y un lobo feroz.
Un buen día se dieron cuenta que las cosas no iban como se pensaban, que llevaban unas vidas muy ajetreadas y complicadas y, sobre todo, que estaban cansados de vivir siempre el mismo cuento. Así pues, decidieron ir a ver un buen psicólogo. Pasados varios meses de trabajo terapéutico ...
... Caperucita decidió dejar de hablar con lobos seductores, manipuladores y mentirosos, que la embaucaban y que la hacían caminar más de la cuenta por caminos largos y enrevesados.
... La abuela decidió dejar de abrir la puerta a los lobos que se hacían pasar por tiernas niñas, que además eran peludas y con voz de hombretón. También decidió que dejaría de vivir en una casa aislada en medio del bosque y se compró un pisito en la ciudad. Aparte de eso, contrató una cuidadora para que tuviera cuidado de ella y le fuera al mercado, de esta manera, no le haría a su nieta tener que atravesar un bosque lleno de lobos mentirosos y peligrosos para llevarle víveres . Porque la abuela, gracias a la buena fe de su hija y su nieta, había podido ahorrar el suficiente dinero para pagarse el piso y la cuidadora.
... Y el lobo feroz decidió dejar de disfrazarse de abuela y de meterse en camas ajenas para cazar. Se dio cuenta que era más sencillo cazar conejos en el bosque que complicarse la vida engañando niñas y abuelas con disfraces ... Es decir, decidió ser un lobo de verdad, un auténtico lobo.
Aunque se trate de una fábula, estoy segura de que en algunas cosas no nos diferenciamos tanto de los protagonistas del cuento, ya que a veces nos complicamos la vida mucho más de lo necesario. Lo más importante de todo, es darnos cuenta de ello y estar dispuestos a cambiarlo, en definitiva, darnos cuenta de que nosotros somos la causa y no el efecto de lo que estamos haciendo en nuestras vidas: descubrir esto hace que desaparezcan muchos miedos que nos paralizan y no nos dejan crecer.
M ª Carmen Gutiérrez Conde
Psicóloga Col. N º 13.432
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viernes, 12 de abril de 2013
Técnicas de Estudio para estudiar y aprobar ... El Método Activo de Estudio
Son muy frecuentes los casos de alumnos (especialmente cuando llegan a la ESO y el Bachillerato) que empiezan a suspender asignaturas no porque no tengan un buen nivel intelectual, sino porque no tienen un método de estudio, no saben estudiar.
Precisamente la frase de padres y profesores de estos alumnos suele ser la misma: "Es muy inteligente, pero no sabe estudiar, no tiene un método de estudio". Efectivamente, para aprobar con éxito un examen no sólo hay que ser inteligente, sino lo que es aún más importante, saber estudiar adecuadamente para preparar bien el examen y garantizar así una buena nota.
En las sesiones de técnicas de estudio que realizamos en Creixement Global, cuando les preguntamos a los alumnos cómo estudian por un examen, la mayoría me responden lo mismo: "Me leo hasta que me lo sé". Este es uno de los errores más importantes que se dan ante un examen, la estrategia de leer hasta memorizar puede funcionar cuando la dificultad del examen no es muy elevada.
Pero cuando el nivel de dificultad es más alto (especialmente cuando se llega a la ESO), se necesitan otras técnicas para ayudarles a conseguir los tres requisitos básicos para aprobar un examen:
1) memorizarlo todo correctamente,
2) retener esa información al cerebro hasta el momento del examen (que no se nos olvide antes),
3) saber organizarla y estructurarla adecuadamente en nuestra mente para responder bien las preguntas.
Para garantizar que se cumplan estos requisitos, hay que estudiar con lo que llamamos Método Activo de Estudio. Este método propone una manera de estudiar concreta donde el alumno sigue diferentes fases antes de empezar a memorizar. Siguiendo estas fases activas (donde el alumno debe poner toda su atención), conseguimos que cuando el alumno comienza a memorizar ya prácticamente lo sepa y, lo que es más importante, lo recuerda de una manera clara y ordenada .
Las fases que comprende el método y que hay que seguir por este orden son las siguientes:
- Lectura comprensiva.
- Subrayar.
- Resumir.
- Esquematizar.
- Autoevaluación.
Por otro lado e igual de importante, es hacer una adecuada evaluación psicopedagógica de cada alumno, a fin de asegurarnos cuál es su nivel de inteligencia, cómo es su rendimiento, cuáles son los puntos fuertes y puntos débiles, si presenta algún problema de aprendizaje que esté interfiriendo en su rendimiento académico, etc. Los resultados de esta evaluación nos permitirán saber cómo ayudar al alumno y si es necesario que la escuela realice alguna intervención más adecuada para ellos.
En Creixement Global llevamos tiempo realizando sesiones reeducativas para todo tipo de alumnos, donde enseñamos a éstos cómo estudiar y prepararse un examen correctamente. Todos los alumnos quedan muy contentos y motivados cuando se dan cuenta de cómo funciona el método y cómo les ayuda a estudiar. Es importante que estas técnicas sean explicadas por psicólogos o pedagogos para poder llegar a cada alumno de manera que entienda correctamente cada fase.
Mª Carmen Gutiérrez Conde
Psicóloga col. nº 13.432
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¿Cuándo es necesario consultar a un psicólogo infantil?
Los padres casi siempre tienen bastante claro cuando consultar al pediatra porque algo no va bien en el funcionamiento físico de su hijo (el niño tiene fiebre, no come bien, le duele un pie, etc.). Cuando a veces no está tan claro, es cuando los síntomas afectan a la salud psicológica del niño. En ocasiones, los síntomas aparecen muy claramente y todos tenemos claro que existe un problema, pero muchas veces aparecen mil dudas sobre si lo será una dificultad temporal del desarrollo del niño o un problema que habrá que tratar. Lo que es básico tener claro es que tan importante es la salud física del niño como la salud psicológica, ya que para que el niño crezca en equilibrio ambas deben estar en armonía.
De manera general, podríamos decir que es necesario consultar a un psicólogo infantil cuando se da una situación de manera constante o repetitiva que afecta al desarrollo de nuestro hijo en alguna o algunas áreas de su vida (familiar, social, escolar ...) .
A continuación, presentaré algunos indicadores que representan señales de alarma que al menos habrá que consultar con el pediatra, el maestro o con el psicólogo infantil cuando sea necesario:
- Cuando se produce un cambio en el rendimiento escolar del niño (no presta atención, empieza a suspender asignaturas, no quiere ir a clase ...).
- Cuando aparecen problemas de salud que no tienen una causa fisiológica (por ejemplo dolores de cabeza o de estómago que los médicos dicen que son "nervios"-la palabra médica es somatizaciones-).
- Cuando los profesores o los padres sospechan que puede existir un problema de aprendizaje.
- Cuando notamos cambios en su estado de ánimo (lo notamos más triste, agresivo, nervioso ...).
- Cuando se muestra muy inquieto en la mayoría de situaciones que requieren concentración (por ejemplo leer un cuento o hacer un puzzle) y se distrae con facilidad (parece como si no nos estuviera escuchando cuando le hablamos).
- Cuando se enfada con frecuencia al no conseguir lo que pide y hace rabietas constantes.
- Cuando no habla ya cumplidos los dos años.
- Cuando no controla los esfínteres de día a partir de los 3 años.
- Cuando se hace pipi en la cama pasados los 6 años.
- Cuando no se integra con sus compañeros de clase y le cuesta jugar en grupo.
Estos son unos indicadores generales sobre posibles problemas que son necesarios consultar a especialistas. Pero otro factor a tener en cuenta sobre cuándo consultar a un psicólogo (aunque sea sólo de forma preventiva y por tener una orientación como padres) es cuando se produzcan situaciones en casa que puedan afectar a su ritmo habitual (por ejemplo una separación , la muerte de una persona cercana, un cambio de residencia ...). Estas son situaciones (especialmente las separaciones de los padres o la muerte de una persona querida) que afectan a todos los niños de manera más o menos grave. La consulta a un especialista ayudará a los padres y al niño a abordar la situación de la forma más adecuada.
Hay que dejar claro, no obstante, que cualquier situación complicada que aparezca en la vida del niño no tiene porque representar un problema. Es importante que el niño haga frente a este tipo de situaciones nuevas que le suponen un reto. Por eso uno de los indicadores más claros sobre cuándo consultar a un psicólogo es el mantenimiento de la situación. Es decir, cuando la situación nuevas o dificultosa ya ha pasado (por ejemplo un cambio de escuela), pero los síntomas del niño aún continúan.
En conclusión, si como padres de nuestro hijo dudamos si existe algún problema psicológico que está afectando a nuestro hijo, lo más adecuado es realizar una consulta. El psicólogo le orientará sobre si es necesario o no el tratamiento psicológico o si únicamente unas pautas para los padres pueden ser suficientes. Si fuera necesario el tratamiento psicológico, el niño siempre responderá mejor a la terapia cuando el problema no está desbordando y el proceso terapéutico podrá ser más rápido y fluido.
M ª Carmen Gutiérrez Conde
Psicóloga col. n. 13432
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