miércoles, 6 de noviembre de 2013

Cómo te pueden ayudar a las constelaciones familiares


El trabajo de las Constelaciones Familiares te permite evidenciar tus realidades existenciales y vivenciales muy profundas que, de alguna manera, pasan más desapercibidas a tu conciencia. Con esta herramienta puedes introducir visiones nuevas, prismas diferentes en tu realidad que te permitan fluir en aquellos aspectos que más nos cuesta a todos conocer y evolucionar.

Sobretodo aporta gran claridad que te permite ver realmente cuál es el lugar que corresponde ocupar en cada uno de los ámbitos de tu vida: empezando por la familia y también dentro de cualquier sistema colectivo (trabajo, escuela, …). Es, como dice Bert Hellinger, el principal desarrollador de esta técnica: “un acto de lucidez, más que una modificación”.
Las Constelaciones Familiares pueden ayudar en el ámbito familiar y personal:
  • Conflictos familiares
  • Conflictos y dificultades de pareja
  • Afrontar cambios
  • Toma de decisiones
  • Realitzación personal
  • Enfermedades
  • Problemas de autoestima

 En el ámbito laboral o de empresa:
  • Conflictos laborales
  • Conflictos en los colectivos de empresa
  • Problemas de prosperidad

 En el ámbito educativo:
  • Pedagogía sistémica

También dirigido a:
  • Personas que quieran profunditzar en el autoconocimiento.
  • Profesionales del ámbito terapéutico y educativo: psicólogos, psiquiatras, profesores, educadores sociales…

Origen de las Constelaciones Familiares Sistémicas
El principal desarrollador de las Constelaciones Familiares, Bert Hellinger es de origen alemán; la traducción literal del término alemán (Familienaufstellung) sería “posicionamiento familiar”. En España también son conocidas como “Redes Familiares”. Como técnica se aplica desde hace unos 20 años y en España desde unos 10 años.

Hellinger, a lo largo de su trayectoria observa que dentro del sistema familiar hay unos patrones que rigen el buen funcionamiento de las relaciones entre padres, hijos, hermanos, cónyuges,… Él los denomina “Órdenes del Amor”: Pertenencia, Jerarquía y Compensación (equilibrio entre “dar y recibir”). El efecto que consigue el trabajo de las Constelaciones Familiares es evidenciar desórdenes y restablecer la armonía a la familia o grupo.
Imma Hospital LLop
Psicóloga terapeuta familiar
Facilitadora de Constelaciones Familiares


viernes, 10 de mayo de 2013

La psicología positiva



La psicología positiva es una rama de la psicología de nueva aparición que busca comprender, a través de la investigación científica, los procesos de las cualidades y emociones positivas de la persona, durante mucho tiempo ignoradas por la psicología.
Lo que nos decimos a nosotros mismos afecta radicalmente la calidad de nuestras vidas y nuestra habilidad para hacer las cosas efectivamente. Somos lo que pensamos, si nuestro discurso interior es negativo pues somos eso, personas pesimistas irradiando energía negativa., En cambio, si nuestro discurso interior es positivo somos personas que creemos y irradiamos energía positiva.
La gente de espíritu negativo se llena de comentarios derrotistas, repitiéndose continuamente. Frases del "todo o nada" (Todo me sale mal, Nada me sale bien ...) o del "siempre o nunca" (Siempre tengo mala suerte, Nunca tengo suerte en la vida ...) suelen ser de esta índole .
Las afirmaciones son pensamientos positivos que repetimos para sembrarlos en la conciencia. A través de la repetición de frases positivas (afirmaciones) alimentamos nuestro cerebro con ideas productivas que nos encaminarán a realizar acciones productivas. La mente humana es infinitamente poderosa y si no le damos un objetivo claro, la mente con toda su energía no focalizada va saltando de una idea a otra sin saber qué hacer. En cambio, si ponemos en la mente ideas claras y propósitos definidos crearemos una realidad como nosotros queremos.
El principio de las afirmaciones positivas consiste en escoger los propios pensamientos, aquellos que definen más tus deseos y utilizarlos el número de veces que sea necesario para que su fuerza creativa nos encamine a tomar las acciones que producirán resultados en el mundo real.
Uno de los best sellers que ha puesto en boga el tema de las afirmaciones positivas es "El secreto" de Rhonda Byrne (2006). Algunas afirmaciones que plantea el libro y que pueden resultar de mucha utilidad son las siguientes:
• La ley de la atracción plantea que el parecido atrae a lo semejante, así si tenemos un pensamiento positivo atraemos más pensamiento positivos ya la inversa.
• Los pensamientos son magnéticos y tienen una frecuencia. Cuando pensamos, los pensamientos son enviados al Universo y atraen magnéticamente a todas las cosas que están en la misma frecuencia.
• Nuestros pensamientos actuales están enfocando nuestro futuro. Aquello en lo que pensamos se manifestará en nuestra vida futura.
• El Proceso Creativo plantea cómo conseguir lo que deseamos: pidiendo, teniendo fe en que lo recibiremos y recibiendo.
• Creer implica actuar, hablar y pensar como si ya tuviéramos lo que deseamos. Si emitimos la frecuencia de que ya tenemos la ley de atracción nos lo da.

Precisamente el libro "El secreto" plantea que para conseguir lo que deseamos una de las herramientas más potentes con las que contamos es la imaginación. Los expertos en imaginación y visualización plantean que todo lo que somos capaces de imaginar somos capaces de conseguirlo.

La visualización creativa es nuestra imaginación aplicada a cualquier objeto que deseamos alcanzar.
Pasos para realizar una visualización creativa:
1. Tener claros los objetivos que deseamos alcanzar y creer en ellos.
2. Buscar un lugar tranquilo, un momento para ti. Relajarse con una música suave, respiración profunda ...
3. Empezar a imaginar tus objetivos, oyéndoles presentes, creyéndose los y acompañándolos de afirmaciones positivas.
4. Ser constantes.

M ª Carmen Gutiérrez Conde
Psicóloga col. nº 13.432
Creixement Global
Tel. 938646042 / 647413240

lunes, 15 de abril de 2013

¿Es mi hijo hiperactivo? Algunas aclaraciones sobre el Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad.


El trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDA o TDAH), es un trastorno de origen neurobiológico que se inicia en la infancia y se caracteriza por dificultades para mantener la atención, hiperactividad (exceso de movimiento) e impulsividad (dificultades el control de los impulsos).
Es un trastorno muy prevalente que, según estimaciones, afecta a entre un 5 % y un 10 % de la población infanto-juvenil, siendo unas 3 veces más frecuente en varones.
No obstante, es importante diferenciar este trastorno de niños que son algo movidos o despistados. Para hablar de trastorno es necesario que los síntomas se den con mayor frecuencia e intensidad que en niños de su misma edad, y que estos síntomas interfieran en su vida diaria creando malestar tanto en el niño como en el entorno.
Representa entre el 20 % y el 40 % de las consultas en los servicios de psiquiatría infanto-juvenil.
Según los síntomas principales, existen  3 subtipos de TDAH, según los principales síntomas:
• Con predominio del déficit de atención.
• Con predominio de la impulsividad-hiperactividad.
• Combinado: aparece tanto la falta de atención como la hiperactividad.

Los síntomas
Como ya hemos comentado, dependiendo del subtipo de trastorno, cada niño presentará ne mayor intensidad unos síntomas u otros. A continuación presento los principales síntomas asociados al trastorno. No obstante, para diagnosticar el TDAH no basta con que el niño presente alguno de los siguientes síntomas, sino que es un profesional quien deberá diagnosticarlo según la clínica de cada paciente.

Las dificultades de atención y concentración
• Dificultad para establecer un orden en sus tareas o pequeñas responsabilidades en casa.
• Le cuesta "ponerse en marcha" (para vestirse, hacer los deberes ...), ya que se distrae fácilmente con otras cosas poco importantes.
• Presenta problemas para mantener la atención durante un rato y tiende a dejar una actividad por otra al poco rato de haber empezado.
• Pierde u olvida cosas importantes (agenda, chaqueta, juguetes, ...).
• Parece no escuchar cuando se le habla, tiene dificultades para seguir la conversación, así como para seguir las normas de un juego o actividad.
• A menudo olvida sus obligaciones cotidianas (lavar los dientes, recoger la ropa, ...).
• Comete errores por descuido en las tareas escolares u otras actividades.
• Dificultades para prestar atención a dos cosas a la vez (por ejemplo escuchar al profesor y apuntar en la agenda al mismo tiempo, ...)
• A menudo evita tareas que requieren un esfuerzo mental durante un largo rato.
Cuando el síntoma predominante es el déficit de atención, es más difícil detectarlo, ya que no se presentan en tan alto grado problemas de comportamiento. Con frecuencia estos niños son tildados de despistados, pasivos y desorganizados, no molestan en el aula pero tampoco aprenden, su rendimiento no resulta satisfactorio y a veces hay dudas sobre su inteligencia, aunque suele ser normal.

La impulsividad
La impulsividad implica una falta de autocontrol, es decir, tienen dificultades tanto para controlar su conducta como para controlar sus emociones (cuando se enfadan no controlan la rabia por ejemplo), como para controlar sus pensamientos (organizarlos , callar algunos ...).
Principalmente implica las siguientes dificultades:
• A menudo tiene dificultades para pensar antes de actuar.
• Se precipita en el habla diciendo cosas en momentos poco oportunos o respondiendo a preguntas antes de tiempo.
• Falta de planificación (por ej, se ponen a hacer los deberes sin tener el material).
• Interrumpe o se meten a menudo en las conversaciones, juegos o actividades de los demás.
• Impaciencia, con dificultades para aplazar la gratificación inmediata.
Respecto a su rendimiento escolar, debido a la impulsividad, empiezan las tareas sin terminar de leer las instrucciones correctamente, deben controlar los impulsos para no abandonar una tarea aburrida y para persistir en actividades la recompensa haya a largo plazo. A menudo, cuando realizan tareas aburridas, emplean el menor tiempo posible y parece que hacen un esfuerzo mínimo.

La hiperactividad
La hiperactividad va mucho más allá de ser un "niño movido", este síntoma implica ciertas características que hay que conocer:
• Movimiento frecuente de pies y manos.
• Se mueve con frecuencia en su asiento, a menudo se levanta en situaciones donde debería permanecer sentado.
• Le cuesta entretenerse o dedicarse a actividades tranquilas.
• Habla excesivamente (no pueden callar en clase, hacen ruidos con la boca, cantan ..).

Causas
Hay diferentes teorías que tratan de explicar el origen del trastorno, sin embargo, existe un consenso mayoritario en aceptar que es un trastorno de origen neurobiológico y muy probablemente de transmisión genética.
Así mismo, la mayoría de estudios afirman que los factores socio-ambientales no son la causa y que éstos sólo pueden influir en un peor pronóstico, en la mayor gravedad de los síntomas y en la aparición de otros síntomas o trastornos asociados (ansiedad, dificultades de aprendizaje, problemas de conducta, etc.).

Diagnóstico
Para el diagnóstico es imprescindible una completa exploración clínica obtenida de los padres y maestros, así como la observación del chico. Es imprescindible realizar un  un análisis de los síntomas, su duración, lugar donde aparecen y grado de malestar que representan para la vida académica y social del chico. El diagnóstico del TDAH se ha de basar en criterios clínicos y nunca en la puntuación obtenida en un único cuestionario. El diagnóstico debe realizarse por personal sanitario especializado: psicólogo clínico o psiquiatra infantojuvenil.

Tratamiento
El tratamiento que ha demostrado mayor eficacia es el Tratamiento Multidisciplinar o Multimodal del TDAH, que consiste en la intervención de uno o varios profesionales clínicos (maestros, logopedas, reeducadores, psicólogos) para tratar de forma global esta problemática. El tratamiento multidisciplinar consiste en la intervención a tres niveles:

1. Tratamiento psicológico dirigido a padres, profesores y niños. Esta vertiente del tratamiento debe llevarse a cabo únicamente por psicólogos y contempla diferentes intervenciones:
  • ·  Psicoeducación: información sobre el trastorno tanto al niño, los padres como los    profesores.
  • ·  Estrategias de modificación de conducta cuando el niño presenta dificultades de comportamiento.
  • ·    Estrategias para fomentar el autocontrol y mejorar la autoestima del niño.
  • ·   Herramientas y recursos para mejorar el proceso atencional, la adquisición de hábitos, mejorar las relaciones sociales, etc.
  • ·    Trabajo con los padres y profesores para dotarlos de recursos para poder ayudar al niño en el proceso de tratamiento.

2. Tratamiento farmacológico (únicamente cuando es necesario). El objetivo de la medicación es la mejora de los síntomas relacionados con el déficit de atención. Los fármacos de primera elección son psicoestimulantes que facilitan que el niño pueda mantener una atención constante y centrada mientras dura el efecto del fármaco. El criterio para valorar si es necesaria o no la medicación es la interferencia del trastorno (es decir, cuando el trastorno causa mucha problemática en el niño a nivel escolar, social, emocional ...) y es un psiquiatra infantil o neuropediatra quien de pautar el tratamiento.

3. Tratamiento psicopedagógico. Esta parte del tratamiento está dirigida a mejorar las habilidades académicas del niño, ya que la sintomatología del trastorno (la baja atención, impulsividad o hiperactividad) perjudican los procesos de aprendizaje. La vía de elección es la Reeducación psicopedagógica que aborda de una manera muy específica estas dificultades de aprendizaje: mejorando las dificultades de atención, aumentando la motivación por el estudio, mejorando la comprensión, el cálculo, etc. con herramientas muy concretas que necesitan estos niños en su proceso académico. Los profesionales que llevarán a cabo esta parte del tratamiento suelen ser psicopedagogos, psicólogos o logopedas, dependiendo del tipo de dificultades que presenta cada niño.

Mª Carmen Gutiérrez Conde
Psicóloga col. nº 13432
Creixement Global
Tel. 938646042 / 647413240

domingo, 14 de abril de 2013

Afrontar la muerte de un ser querido: el proceso del duelo





“Cuando a veces me acuesto aún me parece que siento el calor de tu cuerpo y si doy una vuelta y me roza la sábana, me parece que es tu mano que acaricia mi frente. Y a veces me despierto en la mitad de la noche y me quedo asustado de que no estés allí, hasta que me doy cuenta que tú me has dejado, que me estás esperando, hasta que Dios quiera llevarme contigo.” Burdeos Cortés, M. F. Carta de amor de un viejo.


Duelo es una palabra derivada de dolor que significa manifestación de la pena y que se reserva para la tristeza provocada por la pérdida de una persona amada. Sería el conjunto de sentimientos, pensamientos y comportamientos que siguen a la pérdida de un ser querido (preocupaciones, llanto, tristeza, recuerdos ...).
En nuestra sociedad actual, las prácticas de duelo cada vez se reducen más. Hace tiempo, era función de la familia extensa o de los sacerdotes ayudar a las personas en proceso de duelo.
Sin embargo, debido a la diferente organización de nuestra sociedad actual (especialmente en ciudades, en las que se da una vida más solitaria), las familias extensas no ofrecen esta ayuda y esto produce aún más dificultades para asumir la pérdida. En este sentido, cada vez es más aceptado buscar esta ayuda a través de la intervención de un psicólogo o de grupos de autoayuda.
Aunque cada persona que pasa por un duelo, tiene su propia forma de afrontarlo, desde la Psicología, se habla de cuatro fases diferentes que atraviesa la persona en este proceso.

Fases del duelo normal

1. Aceptar la realidad de la pérdida
Cuando alguien muere, aunque esta muerte sea esperada, hay cierta sensación de incredulidad. La primera tarea del duelo es afrontar plenamente que la persona está muerta y ya no volverá. Es bastante habitual que las personas (como una medida para no sentir tanto dolor) nieguen la pérdida durante los primeros días o incluso semanas. Llegar a aceptar la realidad de la pérdida lleva tiempo, ya que no sólo implica una aceptación racional, sino sobre todo emocional.

2. Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida
Es necesario reconocer y trabajar con el dolor que siente la persona, ya que si no éste se manifestará en forma de síntomas y el curso del duelo de alargará. La negación de esta segunda fase es no sentir. La persona puede hacer como un cortocircuito, la más obvia es bloquear sus sentiments y negar el dolor que está sintiendo.

3. Adaptarse a un medio donde la persona que ha muerto está ausente
Adaptarse a un nuevo medio puede significar cosas muy diferentes dependiendo de la relación con la persona que ha muerto. En el caso de muchas viudas o viudos, lleva  un período de tiempo considerable darse cuenta de cómo se vive sin la pareja. Este "darse cuenta" muchas veces empieza a partir de los tres meses e implica asumir que se vive solo, dándose cuenta de todas las funciones que desarrollaba la persona que ya no está.
Afortunadamente, la mayoría de la gente no sigue un curso negativo de esta fase, sino que decide asumir las funciones a las que no estaba acostumbrada y desarrollar nuevas habilidades.

4. Recolocar emocionalmente a la persona fallecida y seguir viviendo
Una persona en duelo nunca olvida a la persona que ha muerto, por lo tanto, la tarea del psicólogo no es ayudar a la persona a renunciar a la persona que murió, sino ayudarla a encontrar un espacio emocional adecuado para ubicar a la persona que ha muerto.
En el caso de la muerte de una pareja, algunas personas se pueden quedar bloqueadas en esta fase. Es cuando la persona encuentra la pérdida tan dolorosa que hace un pacto consigo misma de no volver a amar nunca más. Para muchas personas, esta es la tarea más difícil de superar y la función del psicólogo es acompañarla en este proceso y ayudar a abrir nuevas perspectivas de vida.

Es muy difícil saber cuándo finaliza el proceso de duelo. Desde la Psicología se habla  de aproximandament dos años, si perdura más en el tiempo y la persona se ha quedado bloqueada en alguna de las fases anteriores se habla de "duelo complicado" y es necesaria la intervención de un profesional.

Duelo normal vs duelo complicado o patológico

Hablamos, por tanto, de duelo normal cuando éste se inicia inmediatamente después, o en los meses subsiguientes, a la pérdida. No suele ser necesaria ayuda psiquiátrica y se caracteriza por las fases descritas anteriormente. 
El duelo complicado o patológico es la intensificación del duelo al nivel en que la persona está desbordada, recurre a conductas desadaptativas o permanece inacabablemente en este estado sin avanzar en el proceso del duelo hacia su resolución. Esto implica procesos que no van hacia la asimilación, sino que llevan a repeticiones estereotipadas o a interrupciones frecuentes de la curación.

Tipos de duelo complicado o patológico
  • Duelo crónico: es aquel que tiene una duración excesiva y nunca llega a una conclusión satisfactoria. Las reacciones el día del aniversario son normales durante diez años o más, pero en sí mismas no indican un duelo crónico. La persona que lo sufre es muy consciente de que no consigue acabarlo.
  • Duelo retrasado: se llaman a veces inhibidos, suprimidos o pospuestos. La persona puede haber tenido una reacción emocional en el momento de la pérdida, pero no fue suficiente. En un momento del futuro la persona puede experimentar los síntomas del duelo respecto a una pérdida posterior e inmediata, pero la intensidad del duelo parece excesiva. La persona tiene la impresión clara de que la respuesta que experimenta es exagerada respecto a la situación. Los sentimientos desbordantes en el momento de la pérdida pueden hacer que la persona retrase su duelo.
  • Duelo exagerado: la persona que experimenta la intensificación de un duelo normal se siente desbordada y recurre a una conducta desadaptativa. Es consciente de que los síntomas y las conductas que está experimentando están relacionadas con la pérdida y busca terapia porque su experiencia es excesiva e incapacitante. Los duelos exagerados incluyen los trastornos psiquiátricos mayores que surgen después de una pérdida (ej depresión clínica, trastorno de ansiedad, fobias, abuso de sustancias...).
  • Duelo enmascarado: aquellos pacientes que experimentan síntomas y conductas que les causan dificultades pero no se dan cuenta ni reconocen que están relacionados con la pérdida. Aparece de una de las dos maneras siguientes: enmascarado como síntoma físico o a través de algún tipo desadaptativa. Las personas que no se permiten a sí mismas experimentar el duelo directamente pueden desarrollar síntomas médicos similares a los que exhibía el fallecido o algún otro tipo de queja psicosomática; también se pueden enmascarar como un síntoma psiquiátrico, como una depresión inexplicable, hiperactividad u otra conducta desadaptativa. 
Pistas para identificar cuándo se trata de un duelo complicado
  1. La persona no puede hablar del fallecido sin experimentar un dolor intenso y reciente.
  2. Algún acontecimiento relativamente poco importante desencadena una intensa reacción emocional.
  3. La persona comenta temas de pérdidas anteriores.
  4. No quiere desprenderse de posesiones materiales que pertenecían al fallecido.
  5. Desarrolla síntomas físicos como los que experimentaba el fallecido antes de la muerte.
  6.  Hace cambios radicales en su estilo de vida después de una muerte .
  7. Presenta una larga historia de depresión  marcada por la culpa persistente y la baja autoestima.
  8. Lo opuesto a esto : falsa euforia después de una pérdida.
  9. Compulsión a imitar a la persona muerta indicando la necesidad de compensar la pérdida identificándose con el fallecido.
  10. Una tristeza inexplicable que se produce en cierto momento de cada año puede ser también una pista, por ejemplo, en vacaciones y aniversarios.
  11. Una fobia respecto a la enfermedad o la muerte se relaciona muchas veces con la enfermedad específica que padeció el fallecido.
  12. Conocer las circunstancias que rodean a la muerte. Hay que preguntarles siempre cómo fue para ellos en aquel momento.
M ª Carmen Gutiérrez Conde
Psicóloga col. n. 13432
Creixement Global
Tel. 938646042 / 647413240

¿Tenemos miedo de ir al psicólogo?


Mucha gente sigue pensando todavía que ir al psicólogo significa que estás "mal de la cabeza", "loco" o frases de este estilo que escucho muchas veces en la primera consulta. También hay un grupo de personas que creen que ir al psicólogo es signo de debilidad, que significa admitir que "uno no puede tirar solo con sus problemas adelante".
Y es que estamos en una sociedad donde admitir que uno necesita ayuda de un profesional para solucionar conflictos emocionales o personales no está aún bien visto. En cambio sí lo está en otras cosas: cuando un coche no funciona bien normalmente lo llevamos al mecánico, no pensamos "ya se irá arreglando", cuando uno se rompe una pierna va al médico para que se la curen, cuando alguien quiere bajar de peso y le cuesta hacerlo por su cuenta acude a un dietista... Así pues, ¿por qué no podemos llamar a un psicólogo cuando intuimos o incluso sabemos que hay algo que no está funcionando bien en nuestra vida?
Lo cierto es que muchas personas no se atreven a ir al psicólogo pensando en qué dirá la gente si los ve salir de allí: "pensarán que tengo problemas familiares, que tengo ansiedad, tengo depresión, que soy un inseguro, que estoy loco ... ".
Y como dice Alex Rovira “el que realment és una bogeria és no sotmetre’ns a revisió si sentim que ho necessitem, no supervisar-nos, no anar a cal psicòleg o a cal terapeuta perquè ens escolti i acompanyi, perquè ens faci un examen, perquè ens ajudi a capbussar-nos dins nosaltres mateixos”.
Así pues, me gustaría continuar haciendo mención al escritor Álex Rovira y ofrecerles una pequeña fábula del libro "La brújula interior", que ilustra todo esto, una fábula que habla de tres personajes que creían ser el que no eran en realidad y que se complicaban la vida porque asumieron como verdades algunas que no lo eran tanto:
Había una vez una niña que se llamaba Caperucita, su abuela y un lobo feroz.
Un buen día se dieron cuenta que las cosas no iban como se pensaban, que llevaban unas vidas muy ajetreadas y complicadas y, sobre todo, que estaban cansados ​​de vivir siempre el mismo cuento. Así pues, decidieron ir a ver un buen psicólogo. Pasados ​​varios meses de trabajo terapéutico ...
... Caperucita decidió dejar de hablar con lobos seductores, manipuladores y mentirosos, que la embaucaban y que la hacían caminar más de la cuenta por caminos largos y enrevesados.
... La abuela decidió dejar de abrir la puerta a los lobos que se hacían pasar por tiernas niñas, que además eran peludas y con voz de hombretón. También decidió que dejaría de vivir en una casa aislada en medio del bosque y se compró un pisito en la ciudad. Aparte de eso, contrató una cuidadora para que tuviera cuidado de ella y le fuera al mercado, de esta manera, no le haría a su nieta tener que atravesar un bosque lleno de lobos mentirosos y peligrosos para llevarle víveres . Porque la abuela, gracias a la buena fe de su hija y su nieta, había podido ahorrar el suficiente dinero para pagarse el piso y la cuidadora.
... Y el lobo feroz decidió dejar de disfrazarse de abuela y de meterse en camas ajenas para cazar. Se dio cuenta que era más sencillo cazar conejos en el bosque que complicarse la vida engañando niñas y abuelas con disfraces ... Es decir, decidió ser un lobo de verdad, un auténtico lobo.
Aunque se trate de una fábula, estoy segura de que en algunas cosas no nos diferenciamos tanto de los protagonistas del cuento, ya que a veces nos complicamos la vida mucho más de lo necesario. Lo más importante de todo, es darnos cuenta de ello y estar dispuestos a cambiarlo, en definitiva, darnos cuenta de que nosotros somos la causa y no el efecto de lo que estamos haciendo en nuestras vidas: descubrir esto hace que desaparezcan muchos miedos que nos paralizan y no nos dejan crecer.

M ª Carmen Gutiérrez Conde
Psicóloga Col. N º 13.432
Creixement Global
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viernes, 12 de abril de 2013

Técnicas de Estudio para estudiar y aprobar ... El Método Activo de Estudio


Son muy frecuentes los casos de alumnos (especialmente cuando llegan a la ESO y el Bachillerato) que empiezan a suspender asignaturas no porque no tengan un buen nivel intelectual, sino porque no tienen un método de estudio, no saben estudiar.
Precisamente la frase de padres y profesores de estos alumnos suele ser la misma: "Es muy inteligente, pero no sabe estudiar, no tiene un método de estudio". Efectivamente, para aprobar con éxito un examen no sólo hay que ser inteligente, sino lo que es aún más importante, saber estudiar adecuadamente para preparar bien el examen y garantizar así una buena nota.

En las sesiones de técnicas de estudio que realizamos en Creixement Global, cuando les preguntamos a los alumnos cómo estudian por un examen, la mayoría me responden lo mismo: "Me leo hasta que me lo sé". Este es uno de los errores más importantes que se dan ante un examen, la estrategia de leer hasta memorizar puede funcionar cuando la dificultad del examen no es muy elevada. 
Pero cuando el nivel de dificultad es más alto (especialmente cuando se llega a la ESO), se necesitan otras técnicas para ayudarles a conseguir los tres requisitos básicos para aprobar un examen:
1) memorizarlo todo correctamente,
2) retener esa información al cerebro hasta el momento del examen (que no se nos olvide antes),
3) saber organizarla y estructurarla adecuadamente en nuestra mente para responder bien las preguntas.

Para garantizar que se cumplan estos requisitos, hay que estudiar con lo que llamamos Método Activo de Estudio. Este método propone una manera de estudiar concreta donde el alumno sigue diferentes fases antes de empezar a memorizar. Siguiendo estas fases activas (donde el alumno debe poner toda su atención), conseguimos que cuando el alumno comienza a memorizar ya prácticamente lo sepa y, lo que es más importante, lo recuerda de una manera clara y ordenada .
Las fases que comprende el método y que hay que seguir por este orden son las siguientes: 
  1. Lectura comprensiva. 
  2. Subrayar. 
  3. Resumir.
  4. Esquematizar. 
  5. Autoevaluación.

Por otro lado e igual de importante, es hacer una adecuada evaluación psicopedagógica de cada alumno, a fin de asegurarnos cuál es su nivel de inteligencia, cómo es su rendimiento, cuáles son los puntos fuertes y puntos débiles, si presenta algún problema de aprendizaje que esté interfiriendo en su rendimiento académico, etc. Los resultados de esta evaluación nos permitirán saber cómo ayudar al alumno y si es necesario que la escuela realice alguna intervención más adecuada para ellos.
En Creixement Global llevamos tiempo realizando sesiones reeducativas para todo tipo de alumnos, donde enseñamos a éstos cómo estudiar y prepararse un examen correctamente. Todos los alumnos quedan muy contentos y motivados cuando se dan cuenta de cómo funciona el método y cómo les ayuda a estudiar. Es importante que estas técnicas sean explicadas por psicólogos o pedagogos para poder llegar a cada alumno de manera que entienda correctamente cada fase.

Mª Carmen Gutiérrez Conde
Psicóloga col. nº 13.432
Creixement Global
Tel. 938646042 / 647413240

¿Cuándo es necesario consultar a un psicólogo infantil?


Los padres casi siempre tienen bastante claro cuando consultar al pediatra porque algo no va bien en el funcionamiento físico de su hijo (el niño tiene fiebre, no come bien, le duele un pie, etc.). Cuando a veces no está tan claro, es cuando los síntomas afectan a la salud psicológica del niño. En ocasiones, los síntomas aparecen muy claramente y todos tenemos claro que existe un problema, pero muchas veces aparecen mil dudas sobre si lo será una dificultad temporal del desarrollo del niño o un problema que habrá que tratar. Lo que es básico tener claro es que tan importante es la salud física del niño como la salud psicológica, ya que para que el niño crezca en equilibrio ambas deben estar en armonía.
De manera general, podríamos decir que es necesario consultar a un psicólogo infantil cuando se da una situación de manera constante o repetitiva que afecta al desarrollo de nuestro hijo en alguna o algunas áreas de su vida (familiar, social, escolar ...) .


A continuación, presentaré algunos indicadores que representan señales de alarma que al menos habrá que consultar con el pediatra, el maestro o con el psicólogo infantil cuando sea necesario:
  • Cuando se produce un cambio en el rendimiento escolar del niño (no presta atención, empieza a suspender asignaturas, no quiere ir a clase ...).
  • Cuando aparecen problemas de salud que no tienen una causa fisiológica (por ejemplo dolores de cabeza o de estómago que los médicos dicen que son "nervios"-la palabra médica es somatizaciones-).
  • Cuando los profesores o los padres sospechan que puede existir un problema de aprendizaje.
  • Cuando notamos cambios en su estado de ánimo (lo notamos más triste, agresivo, nervioso ...).
  • Cuando se muestra muy inquieto en la mayoría de situaciones que requieren concentración (por ejemplo leer un cuento o hacer un puzzle) y se distrae con facilidad (parece como si no nos estuviera escuchando cuando le hablamos).
  • Cuando se enfada con frecuencia al no conseguir lo que pide y hace rabietas constantes.
  • Cuando no habla ya cumplidos los dos años.
  • Cuando no controla los esfínteres de día a partir de los 3 años.
  • Cuando se hace pipi en la cama pasados ​​los 6 años.
  • Cuando no se integra con sus compañeros de clase y le cuesta jugar en grupo.

Estos son unos indicadores generales sobre posibles problemas que son necesarios consultar a especialistas. Pero otro factor a tener en cuenta sobre cuándo consultar a un psicólogo (aunque sea sólo de forma preventiva y por tener una orientación como padres) es cuando se produzcan situaciones en casa que puedan afectar a su ritmo habitual (por ejemplo una separación , la muerte de una persona cercana, un cambio de residencia ...). Estas son situaciones (especialmente las separaciones de los padres o la muerte de una persona querida) que afectan a todos los niños de manera más o menos grave. La consulta a un especialista ayudará a los padres y al niño a abordar la situación de la forma más adecuada.

Hay que dejar claro, no obstante, que cualquier situación complicada que aparezca en la vida del niño no tiene porque representar un problema. Es importante que el niño haga frente a este tipo de situaciones nuevas que le suponen un reto. Por eso uno de los indicadores más claros sobre cuándo consultar a un psicólogo es el mantenimiento de la situación. Es decir, cuando la situación nuevas o dificultosa ya ha pasado (por ejemplo un cambio de escuela), pero los síntomas del niño aún continúan.

En conclusión, si como padres de nuestro hijo dudamos si existe algún problema psicológico que está afectando a nuestro hijo, lo más adecuado es realizar una consulta. El psicólogo le orientará sobre si es necesario o no el tratamiento psicológico o si únicamente unas pautas para los padres pueden ser suficientes. Si fuera necesario el tratamiento psicológico, el niño siempre responderá mejor a la terapia cuando el problema no está desbordando y el proceso terapéutico podrá ser más rápido y fluido.

M ª Carmen Gutiérrez Conde
Psicóloga col. n. 13432
Creixement Global
Tel. 938646042 / 647413240 

jueves, 11 de abril de 2013

El BULLYING, el fenómeno del Acoso Escolar


Bullying es una palabra que desafortunadamente está muy de moda. Significa "intimidación" y se utiliza para describir las situaciones de agresiones físicas y psicológicas que sufren muchos niños por parte de otros compañeros de la escuela.

El Bullying se refiere a todas las formas de agresiones (intencionadas y repetidas) que uno o varios alumnos ejercen sobre un compañero. Quien provoca la agresión lo hace para imponer su poder sobre el otro y tenerlo bajo su dominio meses o incluso años. Lo hace mediante insultos, amenazas, palizas ... Quien lo padece se ve inmerso en una situación de miedo, angustia, dolor ... que puede derivar en consecuencias.

Ante la multitud de casos de Acoso Escolar que aparecen últimamente en los medios de comunicación, mucha gente se hace la pregunta si este fenómeno siempre ha existido o es ahora que está de moda en la prensa. Aunque siempre han existido casos de acoso en la escuela, es bien cierto que en los últimos años este fenómeno ha aumentado desorbitadamente. Muchos psicólogos nos planteamos el motivo de este aumento. En muchos casos, esto tiene que ver (en parte) con la educación que están recibiendo y han recibido los niños y adolescentes de la generación actual. Se podría decir que se está dando un problema generacional que tiene que ver con la educación que los padres actuales recibieron en su niñez. Este padres provienen de una generación donde la educación era muy
rígida y con límites muy estrictos. Algunos padres, intentando compensar esto, han pasado al otro extremo y han educado a sus hijos sin ningún tipo de límite. Hay que saber que los límites, puestos adecuadamente, son absolutamente necesarios para el desarrollo psicológico y social del niño. Si el niño es educado en un ambiente sin normas y donde todo está permitido, la respuesta futura puede ser adolescentes tiranos, violentos, exigentes. Como comentan algunos profesores, muchos niños escuchan por primera vez un NO cuando llegan a la escuela, está claro, pues, que se tratará de niños con serias dificultades para respetar los límites y las normas.

¿Cómo detectar si nuestro hijo está sufriendo una situación de Acoso Escolar?
Se puede dar que nuestro hijo nos hable abiertamente del problema que está sufriendo, pero en ocasiones, puede ocurrir que el niño no quiera explicar lo que le está pasando o incluso llegue a pensar que nadie lo puede ayudar en esta situación.
Algunos indicadores que nos pueden alertar de esta situación son:
  • Cambios en su carácter o estado de ánimo.
  • Demandas de dinero injustificadamente o con excusas poco creíbles.
  • Señales de veces que justifica continuamente como caídas.
  • Nos pone excusas para no ir a la escuela (incluso finge oa veces s'autoprovoca enfermedades) o nos informan en la escuela de faltas injustificadas.
  • Se muestra especialmente nervioso los domingos por la noche.



¿Cómo actuar si nuestro hijo es la víctima?
Es importante que si detectamos o sospechamos que nuestro hijo está siendo víctima de esta situación, estamos abiertos a escucharlo y fomentamos un clima de comunicación y confianza. Debemos mostrarle calma ante este problema y hacerle saber que como padres le ayudaremos a resolver la situación (en ningún caso el animaremos a que lo resuelva mediante la violencia o el ridicularitzarem por no saber defenderse ).
Es fundamental también que informamos en la escuela y esta siga algún protocolo de actuación, por lo tanto, pediremos cooperación en la escuela.
Si sospechamos que nuestro hijo tiene un grado elevado de ansiedad, miedo, sentimientos de tristeza ... habrá que pedir valoración de un psicólogo y, si fuera necesario, iniciar terapia. El psicólogo puede ayudar al hijo ya la familia a abordar esta situación y superarla.
Si la situación no mejora o empeora, habrá que consultar con un abogado y, como medida extrema (siempre y cuando las otras opciones no hayan resultado) cambiaremos a nuestro hijo de escuela.

¿Cómo actuar si nuestro hijo es el acosador?
Es especialmente duro para los padres reconocer una conducta tan negativa en su hijo. En estos casos, es muy importante que los padres no ignoren lo que está pasando y actúen con calma. Habrá también establecer un clima de comunicación y confianza con nuestro hijo y averiguar por qué está actuando de esta forma. Nos interesaremos positivamente por nuestro hijo, le demostraremos afecto y estimación, pero también le dejaremos claro que no aceptamos su comportamiento y le hablaremos de las consecuencias si no cambia esta conducta. En ningún caso, utilizaremos la violencia o los insultos para tratar el problema y es importante que establecemos un canal de comunicación con la escuela y el equipo de psicólogos para abordar conjuntamente el problema.


M ª Carmen Gutiérrez Conde
Psicóloga col. n. 13432
Creixement Global
Tel. 938646042 / 647413240

miércoles, 10 de abril de 2013

La adolescencia y el proceso de individualización: cómo detectar si es necesario consultar a un profesional


La adolescencia es una etapa de cambios importantes, es el período de transición entre la niñez y la vida adulta. El objetivo principal de la adolescencia es la configuración de la identidad personal. En este proceso tan complejo, el adolescente sufre con mucha rapidez multitud de cambios físicos y emocionales y esto suele generar tensión en el propio adolescente y en su familia.
Por este motivo, esta etapa suele ser una de las más complicadas en cuanto a la educación de los hijos. Sin embargo, no significa que cualquier conducta preocupante sea un "síntoma normal" de la adolescencia y no haya que darle importancia. A veces ponemos tan énfasis en que la adolescencia es una época complicada, que algunas personas pueden llegar a pensar que síntomas como la inestabilidad emocional, la agresividad o la inadaptación social son "típicos" de esta etapa. Por lo tanto, debemos tener claros cuáles son aquellas señales que nos indican que el adolescente tiene dificultades importantes y necesita ayuda.

A continuación, presento algunos indicadores diferenciadores de un proceso de adolescencia normal al de una adolescencia complicada:
* Rebeldía: ya que los adolescentes están construyendo su personalidad, es normal que cuestionen más la autoridad de figuras como los padres o los maestros, pero eso no lo debemos confundir con una exagerada violencia en su critica o su rebeldía. Si las reacciones de ira o descontrol son desproporcionadas o muy frecuentes es una señal de que existe algún problema.
* Problemas de aprendizaje: debemos tener presente cambios muy bruscos en el rendimiento escolar, tanto si tienen que ver con una bajada del rendimiento y desmotivación como si se deben a un perfeccionismo extremo y preocupación excesiva por los temas escolares.
* Aislamiento: sería normal de este proceso una tendencia a querer estar más ratos solo y no acompañar siempre a los padres como lo hacían cuando eran pequeños, si este aislamiento se convierte en un estado permanente y llega al extremo de la incomunicación con la familia es una señal de alerta.
* Timidez e inseguridad: a veces, el adolescente empieza a experimentar sentimientos como la vergüenza o la timidez y esto suele ser bastante normal, si esta inseguridad llega al extremo de provocar ataques de angustia, falta de amigos, dificultades de integración en los grupos nos indica de nuevo que algo no funciona bien.
* Inestabilidad emocional: dado que los adolescentes empiezan a tomar mayor conciencia de su mundo emocional, es normal que vivan las emociones de forma más intensa, si eso llega a convertirse en un estado de tristeza permanente o no vemos causa aparente en estos descalabros, habrá que consultar a un especialista para descartar un trastorno emocional.
* Compañías exageradamente inadecuadas: aunque es muy importante que respetemos los amigos de nuestros hijos aunque nos parezcan extravagantes en la forma de vestir, la música ... debemos tener en cuenta que estas compañías no sean descaradamente inadecuadas (mucha diferencia de edad, actividades arriesgadas, peleas ...).

Otras señales que también son indicadores de alguna dificultad o problemática importante son: alteraciones en la alimentación (pérdida de apetito o de peso o aumento exagerado), enfermedades físicas recurrentes sin causa aparente, mentiras frecuentes, ausencias frecuentes durante el horario escolar , alteraciones importantes del sueño (por exceso o por defecto), ataques de angustia o de pánico, llantos frecuentes, ideas de muerte o de suicidio, conductas autolesivas (hacerse daño a uno mismo).

¿Qué podemos hacer los padres?
Como padres de nuestros hijos adolescentes debemos ser conscientes de que esta es una etapa con nuevas dificultades para todos y por lo tanto, debemos estar preparados para afrontar esta etapa de la manera más adecuada posible.

En la etapa de la adolescencia comienza lo que llamamos el proceso de individualización, los adolescentes comienzan a hacer un camino para encontrar su propia identidad. En este proceso de individualización o diferenciación, es normal que empiecen a marcar una distancia con los padres, que les empiecen a juzgar y rechazar su forma de ser, de pensar ... e incluso que les dé vergüenza que los vean con ellos.
No obstante, es importante que esto los padres no lo tomen como algo personal y continúen estando a su costando dándoles el apoyo afectivo que tanto necesitan. Respecto a los límites debemos tener claro que: "Les cuesta asumir los límites que tanto necesitan".
Para tenerlo un poco más claro, algunas características del proceso de la individualización son:
1. Los adolescentes tienen la necesidad de descubrir quiénes son.
2. La individualización generalmente es percibida como rebeldía por parte de los padres.
3. Los adolescentes pasan por importantes cambios físicos y hormonales.
4. La relación con los amigos es prioritaria a la relación con la familia.
5. Los adolescentes comienzan a explorar su poder personal y su autonomía.
6. Los adolescentes tienen una gran necesidad de privacidad.
7. Los padres se convierten en una "vergüenza" por los hijos.
8. Los adolescentes se ven a sí mismos como omnipotentes y "sabelotodo".
Es importante entender que hay que aclarar que hay que asumir estos cambios como normales, siempre y cuando no sobrepasen los límites que nosotros marcamos de una forma muy exagerada. Si no es así, los padres pueden contribuir a convertir esta individualización en rebeldía. Algunas reacciones que pueden fomentar esto son las siguientes:
• No comprender, ni apoyar o apoyar el proceso de individualización.
• Tomar este proceso como personal: "¿Por qué me has de hacer esto a mí?"
• Sentirse culpable: "Esto no estaría pasando si fuera mejor madre / padre".
• Asustar excesivamente ante errores (pruebas de comportamiento que hace el hijo) relativamente importantes.
• Tratar de impedir su individualización mediante la culpa, el control, el castigo, la sobreprotección o la negligencia.
• Pensar que lo hace su hijo en esta etapa es en lo que él ha convertido y lo que será para siempre.
• No respetar el estilo de vida que escoge el hijo cuando éste no es igual al nuestro.
Ser padre es una tarea muy difícil y por lo tanto debemos estar en constante aprendizaje. Es importante estar atento a las cosas realmente importantes y pedir opinión profesional cuando sea necesario, pero también es importante que nos relajamos y tomemos distancia emocional de vez en cuando para poder ver las cosas con calma y tratar los problemas de la mejor forma posible.
La actitud de escucha, estar cercanos a nuestros hijos sin llegar a invadir los mismos, la buena comunicación, la actitud de calma y seguridad son "antídotos" muy eficaces para combatir todas estas dificultades que se presenta. Y como decía al principio, una actitud de conocimiento y observación que nos permita detectar cuando nuestro hijo o nosotros como padres podemos estar necesitando la ayuda de un profesional.

M ª Carmen Gutiérrez Conde
Psicóloga colegiada n º 13.432
Creixement Global
Tel. 938646042 / 647413240

Las somatizaciones: signo de ansiedad, depresión... Cuando el cuerpo nos avisa.

Cada vez se conoce más la idea de que la mente y el cuerpo están en continuo contacto. Ya ha quedado muy lejos el pensamiento dualista que afirmaba que mente y cuerpo eran dos cosas absolutamente distintas y que nada tenían que ver. El filósofo Hipócrates fue uno de los primeros en demostrar que muchas enfermedades no tenían una base orgánica.

Somatización se define como la aparición de síntomas que la persona atribuye en un principio a una enfermedad fisiológica y que no tienen ninguna base orgánica. De hecho, la somatización es un mecanismo de defensa de nuestro cuerpo para poder sacar hacia fuera lo que ha quedado reprimido y bloqueado.


La realidad es que nuestro cuerpo es como una esponja que absorbe todo lo que nos pasa. Y es gracias a este mecanismo que muchas veces nos damos cuenta de que algo no está funcionando bien en nuestra vida.
Muchos estados de ansiedad o incluso de depresión se van creando poco a poco, pero nosotros no les prestamos atención. Nos vemos inmersos en un ritmo frenético de vida que nos impide tomar conciencia de cómo está nuestro cuerpo. 
A veces somos conscientes de que estamos cansados, pero no profundizamos mucho más en esta sensación. Es muy importante tener en cuenta que muchos síntomas corporales nos avisan de que algo no está bien en nuestra vida y sería necesario cambiarlo. Pero nosotros en lugar de hacerle caso, lo tapamos: que nos duele la cabeza porque no hemos dormido, nos tomamos un analgésico; que nos puede el sueño, nos tomamos un café, etc. 
Cuando se da el proceso de somatización, la persona se queda en su interior algo que debería salir hacia afuera. Suele pasar sobre todo con la rabia, que no se saca hacia el exterior. Se observa especialmente en personas obsesivas, que dan vueltas y vueltas a la misma idea sin sacarla hacia el exterior. Es muy frecuente que estas personas se hagan suyos los problemas y acaben somatizando. Como no se atreven a sacar la rabia hacia la persona que lo ha provocado o canalizarla de una forma sana (haciendo deporte, gritando con una almohada en la boca, etc.) somatizan enfermedades (dolor de cabeza, dolor de estómago, tensión en los hombros ...).
Otra forma de somatizar tiene que ver con el bloqueo de nuestras emociones en general. Está muy presente ese tipo de somatización en personas que tienen dificultades en mostrar sus sentimientos (especialmente aquellos como la tristeza o la ternura, que culturalmente han sido catalogados como signo de debilidad, sobre todo por los hombres). En estos casos, si la persona no expresa la emoción obliga a su cuerpo a retener el movimiento corporal que acompaña al emoción correspondiente y esta energía puede quedarse bloqueada en los músculos en forma de lo que llamamos "corazas musculares".
Afortunadamente, la sabiduría de nuestro cuerpo hace lo que muchas veces nosotros no hacemos por él, poniendo en evidencia toda aquella energía reprimida que debe ser canalizada, llegando así al equilibrio.
En muchas ocasiones, la persona llega a la consulta del psicólogo o del médico debido a contracturas musculares que no tienen explicación médica, a causa de un dolor de cabeza o de estómago sin causa orgánica ... En estos casos, la persona no ha prestado suficiente caso a su estado psicológico y finalmente ha sido el cuerpo quien la puso en sobreaviso de que algo estaba pasando.
En resumen, no debemos dejar de lado ni nuestro cuerpo ni nuestra mente. Debemos hacer de ellos nuestros aliados, ya que si no los cuidamos y no les prestamos la suficiente atención acabarán reclamando a gritos que les hagamos caso.
También se debe tener presente otras vías para curar estos síntomas, que no sean la medicación. La medicación es un recurso muy útil en determinados casos, pero en otros sólo es una especie de "parche", por lo que la terapia psicológica, bioenergética, la relajación,  etc. son vías que nos sirven para conocer nuestra mente y nuestro cuerpo y cuidarlo de forma sana e integral.

M ª Carmen Gutiérrez Conde
Psicóloga col. nº 13432
Crecimiento Global
Tel. 938646042 / 647413240