miércoles, 15 de julio de 2020

¿El síndrome de la carga mental o el síndrome de la mujer agotada?

Definición

Afortunadamente, los roles familiares han cambiado mucho en los últimos años en el reparto de tareas del hogar y la crianza de los hijos. No obstante, todavía es la mujer quien en la mayoría de ocasiones, se encarga de la logística y planificación de todas estas tareas.

El concepto de “Carga mental” fue descrito por primera vez por la socióloga Susan Walzer, en 1996, en una investigación que concluía que las mujeres mantenían el entorno doméstico en el plano mental, emocional e intelectual. Es decir, se trata de un esfuerzo mental y constante que conlleva estar casi siempre en alerta de que las dinámicas de la casa y la familia funcionen bien: planificación, coordinación, toma de decisiones y supervisión. Y eso, como es lógico, es agotador.

 Cuando en consulta preguntamos a las parejas asuntos como:

- ¿Quién lleva en la cabeza las fechas de las reuniones escolares?

- ¿Quién tiene el control de cuándo hay que poner lavadoras?

- ¿Quién se encarga de hacer las maletas cuando os marcháis de vacaciones?

- ¿Quién organiza el menú de las cenas teniendo en cuenta qué hemos comido al mediodía?

¿Cuál creéis que es la respuesta casi siempre? Pues algo falla entonces.

Por tanto, ¿Es un problema de que las mujeres no delegan? ¿Es un problema de que los hombre no “ayudan”? ¡NO! Es un problema de que aún no existe una auténtica CORRESPONSABILIDAD en la mayoría de parejas, que significa una responsabilidad común a dos o más personas tanto en obligación como en compromiso.

Por otro lado, el modelo de familia “tradicional” sigue muy instaurado en nuestras creencias y es difícil de romper estos esquemas mentales tan arraigados en hombres y mujeres.

 

Algunos datos al respecto

El año pasado, la empresa Procter&Gambel realizó un estudio muy interesante en el que se concluyó que el 71% de ellas sufre carga mental y solo el 12 % de los hombres lo experimenta.

Otros datos interesantes:

  • El 84% de las mujeres confirma haber sentido estrés debido a las responsabilidades relativas al hogar.
  • Entre las cargas más habituales que ellas afrontan se encuentran: sentirse responsables del funcionamiento del hogar (87%), creer que tienen que dejar instrucciones cuando se van de casa (73%) o sentir que, aunque sus parejas colaboren, siempre les tienen que pedir que lo hagan (72%).
  • La carga mental se incrementa cuando las mujeres son madres. El 91% de las madres aseguran que, si no están ellas al tanto de las pequeñas cosas del día a día para que la casa funcione, nadie lo estará.
  • Solo un 12% de los hombres menciona ser la persona de referencia para las necesidades diarias de sus hijos y únicamente un 5% afirma estar pendiente de los festivales del colegio.
  • Otro dato curioso es que solo el 14% de los padres están en el chat del colegio, frente al 65% de las mamás.

 

Consecuencias de la carga mental

La carga mental, a la larga, va a hacer en un momento u otro que nos sintamos sobrecargadas, estresadas, que experimentemos ansiedad, insatisfacción, tristeza, mal humor, irritabilidad… También está detrás de muchas crisis de pareja e incluso separaciones.

Cuando aún no hay hijos en la familia, a veces se consigue “poner un parche” contratando a alguien unas horas a la semana para la limpieza. Pero con hijos es más complejo, ya que su crianza y educación no la podemos delegar tan fácilmente en un tercero.

 

Cómo poner solución

1. Identifica cuáles son tus mecanismos de defensa. Es decir, ¿cómo has podido aguantar y llegar hasta aquí?

Quitando horas de sueño, evadiéndote algún día a la semana o al mes (creyendo que esto es suficiente para cargar pilas), evitando afrontar el problema, resignándote… en cualquier caso, es importante darnos cuentas de que estas supuestas estrategias que hemos utilizado hasta hoy, no han funcionado sí no ha habido un cambio real. Por tanto, “si no haces nada diferente, no ocurrirá nada diferente”.

2. Revisa las creencias y dinámicas familiares. ¿Son tuyas realmente? ¿Contribuyen a tu bienestar? ¿Hay obligaciones que asumes sólo por el hecho de ser “mujer” o “madre”? Estas y otras cuestiones empezarán a darnos pistas sobre nuestro modelo para proyectarnos hacia el cambio.

3. Empieza por cambiar estas creencias e ideas. No tenemos por qué asumir estos roles estereotipados. Debemos identificar lo que realmente depende de nosotras y lo que no. Y a partir de ahí, empezar a equilibrar la balanza.

4.Comunicación asertiva. Tendremos que ser claras y firmes en expresar nuestras necesidades. Transforma las quejas en peticiones. Las quejas, para lo único que nos “sirven” es para desahogarnos, pero en realidad no cambian nada y crean mal ambiente familiar. Las peticiones deben ser claras y concisas.

5. Reflexión profunda en pareja. Es importante que nuestra pareja sepa cómo nos sentimos y nosotras también como se sienten ellos. Ya que a veces, frases del tipo “¡Déjalo!, ya lo hago yo, que acabo antes”, “Me voy, pero os he dejado la comida preparada”, “Para hacerlo así de mal, ya lo hago yo” ha podido fomentar que ellos se sientan incompetentes y sin espacio propio para hacer.

Otras veces, nuestra pareja puede no estar dispuesta a cambiar o tener un machismo arraigado de forma muy profunda. En este caso, la reflexión propia de qué relación de pareja y qué familia quiero es crucial.

6. Homogeneizar tiempos de descanso. A veces, más que el reparto de tareas, nos puede ayudar que cuando estamos implicados por ejemplo recogiendo la cena, lo hagamos todos a la vez, y luego, descansemos todos a la vez. Esto fomenta el modelo de igualdad y corresponsabilidad.

7.Responsabiliza y da autonomía a tus hijos desde pequeños. Que los niños se responsabilicen según sus edades es muy importante, ya que les estaremos educando en el modelo de la CORRESPONSABILIDAD e IGUALDAD y evitará que la carga mental recaiga sólo en los padres.

 

 

 


lunes, 13 de julio de 2020

Fracaso escolar

Aunque la tasa de abandono escolar temprano se redujo en España en 2019 a un 17,3% (frente al 17,9% de 2018), sigue siendo de las peores a nivel de la Unión Europea.

La mayoría de casos de Fracaso escolar suelen detectarse a partir de los 11 años, pero es muy probable que antes existieran ciertos indicadores. El niñ@ desde el principio nos puede dar muestras de que algo no va bien: por sus problemas de conducta, carácter retador, falta de concentración, cambio repentino en las notas…

Lo importante, es actuar enseguida, ya que el paso del tiempo no resolverá el problema, sino que lo agrandará. Cuanto más enquistado esté y mayor sea el chic@, peor pronóstico para el éxito de la intervención. Estos casos deben ser abordados desde el colegio, desde la familia, así como con la ayuda de un psicólogo e de un psicopedagogo para establecer el hábito de estudio necesario.

 

Definición de Fracaso escolar

El fracaso escolar se define como la dificultad para superar las diferentes etapas de enseñanza obligatoria que, en el caso de España, se establece hasta los 16 años (4º ESO). Esto puede derivar en un abandono escolar prematuro, repetición de cursos, dificultades graves de aprendizaje y, a largo plazo, dificultades de inserción laboral. 

Por tanto, no debemos olvidarnos de ese grupo  de chic@s que sí consigue el título de la ESO, pero no consiguen ningún otro título que les permita formarse en una profesión específica.

Así que, no todo se resuelve aprobando la ESO como sea, el fracaso escolar va mucho más allá.


Tipos de Fracaso escolar

  • Primario: aparece en los primeros cursos y se caracteriza por problemas de rendimiento académico. La detección temprana, seguimiento e intervención serán fundamentales para tratar estas dificultades y evitar el fracaso escolar.
  • Secundario: normalmente aparece en el último ciclo de Primaria y el paso a Secundaria en alumnos que hasta entonces “sacaban buenas notas”. El paso del colegio al instituto y cambios personales como la adolescencia, son las causas más comunes.
  • Circunstancial: es transitorio, ya que aparece en un momento concreto por causas excepcionales (cambio de residencia, de colegio, divorcio de los padres…). Es vital identificar bien los motivos para abordarlo rápidamente y evitar un fracaso a largo plazo.
  • Habitual: ocurre cuando el alumno ha sufrido problemas de rendimiento escolar desde siempre. Las causas más habituales son trastornos de aprendizaje, retrasos en el desarrollo o desestructuración familiar y falta de apoyo.

Causas del Fracaso escolar

Las causas principales  las podemos clasificar en tres grupos:

1. Alumno

  • Trastornos de aprendizaje: dislexia, discalculia, TDAH, etc.
  • Trastornos del lenguaje: tartamudez, TDL (trastorno desarrollo del lenguaje), dislalias, etc.
  • Discapacidad visual o auditiva.
  • Trastornos psicológicos y emocionales: fobias, problemas sociales, baja autoestima, etc.
  • Acoso escolar: influirá de manera determinante en su capacidad de concentración y en su rendimiento.
  • Adicciones a sustancias: pueden aparecen en Secundaria e influir claramente en su capacidad de atención, motivación, absentismo…
  • Uso abusivo de las Nuevas Tecnologías: cada vez aparece en edades más tempranas. Influirá en su concentración, falta de horas de sueño, cansancio, “síndrome de abstinencia”, etc.

 2. Entorno

La familia es un aspecto clave en la educación para evitar el fracaso escolar y un abandono prematuro de los estudios. Así, puede influir:

  • El nivel económico: los alumnos de sectores más desfavorecidos tienen más riego de obtener peores resultados académicos.
  • La formación y el nivel cultural de la familia.
  • Su origen: los inmigrantes pueden tener más problemas por la dificultad por entender el idioma.
  • La falta de comunicación de la familia con el centro escolar.
  • Problemas graves en la estructura familiar: violencia de género, maltrato infantil, adicciones, etc.

Por esta razón, es el sistema educativo quién deberá proporcionar una respuesta educativa que fomente la igualdad de oportunidades de tod@s los alumn@s.


3. Sistema educativo

  • Métodos obsoletos que fomenten la repetición y memorización y no la creatividad y el pensamiento crítico.
  • Condiciones del centro: una ratio elevada, falta de infraestructuras o de recursos educativos adecuados…
  • Falta de respuestas individuales: no implementar un PI (Plan Individualizado) será muy perjudicial a corto-medio plazo.
  • Inestabilidad del sistema: cambios de leyes educativas.
  • Inestabilidad del profesorado por el problema de los interinajes.

El bucle del Fracaso escolar

Al final, el problema del fracaso escolar es tan complejo, que si no se aborda adecuadamente, entramos en un bucle muy difícil de romper: las bajas notas y estigmatización afectan a la autoestima del chic@, baja su autoconfianza, adoptan el rol de mal estudiante porque dejan de creer en sí mismos, acaba sintiendo un rechazo total hacia el colegio, el colegio puede sentirse ya sin recursos y finalmente todo acaba en fracaso escolar.

De hecho, en casos más graves, muchos de estos chic@s acaban teniendo una relación complicada con sus padres, se sienten juzgados y etiquetados y optan por seguir con ese rol de “chico malo” que es lo que conocen y les da esa “falsa seguridad”. Por ello, pueden acabar recurriendo a “malas compañías” para encontrar un lugar en el que se sientan reforzados y eso aumentará los problemas de conducta.

Lo último que debemos hacer es martirizarnos como padres, debemos asumir nuestra responsabilidad y ponernos “manos a la obra” para solucionar el problema. Acudiendo a todos aquellos especialistas que puedan ayudarnos: el EAP (Equipo de Atención Psicopedagógica) del colegio quien nos orientará e incluso nos informará sobre becas para recibir ayuda económica para su tratamiento, profesores de refuerzo escolar, logopeda, psicólogo, etc.


Qué hacer y Qué no hacer

Para prevenir todo ello, es básico que tengamos claro qué hacer y qué no hacer ante un posible caso de fracaso escolar.

Qué hacer

  • Intervenir lo antes posible
  • Diagnóstico si hay un posible trastorno de aprendizaje
  • Establecer alianza con el colegio
  • Triángulo de abordaje: colegio-familia-profesional
  • Crear un método de estudio más que un “repaso escolar”
  • Fomentar la autoestima del chic@
  • Estar presentes e implicados
  • Mirarlos con empatía: detrás del problema hay una buen chico

 Qué no hacer

  • Dar el caso por perdido
  • Pensar que “ya se le pasará”
  • Amenazarles con un internado o con ponerles a trabajar
  • Estigmatizar al niño
  • Castigarle y reñirle sin más
  • Culpar a los demás (escuela, sociedad…) y no afrontar el problema


jueves, 9 de julio de 2020

La “adicción” a las pantallas


El confinamiento ha hecho estragos con el tema de las pantallas entre niños, adolescentes e incluso bebés. Lo sabíamos, los padres éramos conscientes y sentirnos “malos padres” ahora no ayuda en nada.
Hemos hecho lo que realmente hemos podido ante una situación tan excepcional. Combinar el teletrabajo y el cuidado de los niños era tarea casi imposible. Y por otro lado, el encierro fomentaba la falta de actividades nuevas con las que poder entretenerse.

Y ahora tenemos por delante un verano atípico, donde quizá ir a la playa o la piscina no sea tan fácil, los campamentos muchos padres los han descartado ante tanta incertidumbre… Por tanto, ahora si puede ser buen momento para plantearse si el tema de las pantallas “se nos ha ido de madre” y hay que reconducirlo.

Definición. ¿Uso abusivo o adicción a las nuevas tecnologías?
A pesar de que la literatura cien­tífica ha presentado en los últimos años muchos estudios sobre el abuso de las nuevas tecnologías, todavía no existe un criterio único entre la comunidad científica a la hora de considerarlo un trastorno adictivo o no.

A pesar de esta falta de unanimidad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye en la  Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), por primera vez el trastorno por videojuegos como un trastorno mental más y lo define como: “un comportamiento persisten­te o recurrente de juego” –ya sea online u offline– que se manifiesta a través de tres signos:

  1. Ausencia de control en la conducta de juego en cuanto al inicio, frecuencia, intensidad, duración, finalización y contexto en que se juega.
  2. Prioridad que se otorga a los juegos frente a otros intereses vitales y actividades diarias
  3. Persistencia de la conducta o incremento de esta “a pesar de las consecuencias negativas asociadas”.


El patrón de juego debe ser grave y además producir un deterioro significativo en el ámbito personal, fami­liar, social, académico, laboral u otras áreas de funcio­namiento. La sintomatología debe evidenciarse en un periodo de, al menos, doce meses o en menor tiempo si se dan todos los criterios reseñados y la sintomato­logía es graves.
Por otro lado, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana DSM-V (2013) no incluyó la adicción a las nuevas tecnologías y únicamente reconoce al juego (“ludopatía” anteriormente) como única adic­ción comportamental.
Pero más allá de las definiciones científicas, y aunque “científicamente” todavía no podemos hablar de adicción, todos sabemos que año tras año aumentan los casos de niños cada vez más pequeños con verdaderos problemas con el abuso de las pantallas.
¿Qué hacer? Cómo fomentar un uso responsable
A veces, ante la preocupación por una posible adicción a las pantallas, las familias acuden a Google en busca de respuestas. Internet nos puede ofrecer información muy valiosa, pero también podemos encontrarnos con titulares tan escandalosos como Fortnite recibe demanda por ser más adictivo que la cocaína. Y esto lo único que va a hacer es aumentar nuestra angustia y nuestra culpa.

Las pantallas, bien utilizadas pueden ser un instrumento básico en la información, la comunicación, la formación y el entretenimiento de nuestros hijos y de nosotros mismos. Por tanto, que nuestros hijos hagan un uso responsable de las pantallas es responsabilidad nuestra. Al final, de lo que se trata es de conseguir que puedan desarrollarse personalmente, crecer saludablemente y, que sepan divertirse y entretenerse con ellas de forma saludable.
Cómo fomentar el uso responsable.
Poner normas y límites será fundamental para que los menores aprendan a convivir con el mundo digital de una forma saludable.
En primer lugar, respecto al tiempo de uso, la Asociación Americana de Pediatría (AAP) establece lo siguiente:
  • 0 – 2 años: Nada de pantallas
  • 2– 5 años: Entre media y una hora al día
  • 7– 12 años: Una hora con un adulto delante. Nunca en horas de comidas.
  • 12 – 15 años: Una hora y media. 
  • Más de 16 años: Dos horas. 

Quizá algunos padres os estéis echando las manos a la cabeza ahora mismo, yo misma me he excedido en el confinamiento y en alguna otra ocasión. Pero esto, no quiero que os haga culpabilizar. Nuestra intención es ofreceros información veraz para que vosotros, como padres, decidáis lo que es mejor para vuestros hijos.
Por otro lado, estas “recomendaciones” creemos que pueden ser de utilidad.
Explicarles los beneficios y riesgos, informarles de los tipos de contenidos, enseñarles a navegar y hacerlo con ellos. Puede ser muy útil usar un tipo de contrato donde se especifique su uso. En @empantallados tenéis un montón de recursos útiles, como el contrato para su primer móvil. También podéis mirar su web porque es muy interesante.
  • Las pantallas es mejor que estén en zonas comunes.
  • El contenido debe ser acorde a la edad del niño. En caso de videojuegos podemos basarnos en el código PEGI. Y recordemos también el uso del control parental.
  • Dar ejemplo. Un recurso útil puede ser usar una pequeña caja en el recibidor donde dejemos el móvil al llegar cierta hora y sólo lo cojamos si recibimos una llamada importante, por ejemplo.
  • Interaccionar con el niño o joven e interesarnos por el juego que le gusta o los dibujos que ve en la Tablet. De esta forma procuraremos evitar el aislamiento y estaremos informados sobre los contenidos que ven. Conviene hablar frecuentemente con ellos sobre las páginas que utilizan y para qué.
  • Evitar el uso de pantallas a la hora de comer, ya que en niños pequeños hace que se hipnoticen y coman sin ser conscientes de ello. Y en niños más grandes, nos aislamos y evitamos la comunicación familiar.
  • Por supuesto, evitar el uso de pantallas al menos una hora antes de ir a dormir, ya que la luz azul los activará y afecta al sueño.
  • Es recomendable que las pantallas no se conviertan en un “chantaje”, esto se refiere tanto a los premios como a los castigos. Lo que queremos es que nuestros hijos hagan un uso responsable de las pantallas, por eso es recomendable que no se las regalemos por sacar buenas notas y se lo retiremos porque nos han contestado mal. De esta forma los estamos intentando “adiestrar”, pero como muchos padres habréis comprobado esto funciona muy poco tiempo. Por tanto, siempre será mejor relacionarlas con responsabilidad y establecer unos límites claros. Si se cruzan esos límites, sí que retiramos la pantalla de forma temporal. Pero eso no es un castigo, es una consecuencia directa de sus actos.
  • Evitar que accedan a contenidos de riesgo (bulimia, anorexia, violencia, pornografía, pedofilia, etc.). Estableciendo programas de control parental.
  • Proteger todos los dispositivos con conexión a la red con antivirus, bloqueos de pantalla, contraseñas y códigos fuertes.
  • Enseñarles el valor de la privacidad. Lo que se sube a la Red permanecerá para siempre.
  • Enseñar siempre el respeto a los otros y hablar con ellos sobre el ciberbullyng:   cuando entre menores se insultan, amenazan, chantajean y humillan a través de una red social.
  • Cuando son más mayores, informarles sobre el sexting: envío de material erótico o pornográfico a través de una red social.
  • Informarles sobre el fenómeno del grooming: se produce cuando un adulto se hace pasar por menor, para chantajearle y abusar sexualmente de él.
  • *Ante un caso de sospecha o certeza de ciberacoso o grooming se debe actuar siempre de forma inmediata. Hay que alejarles del acosador y denunciar el hecho. Si la situación es grave pida ayuda a un profesional.
  • Recordarle siempre a nuestr@ hij@ que no debe contactar ni seguir en redes sociales a quien no conoce en la vida real. Y mucho menos acudir a una cita.
  • Y por supuesto, no olvidarnos de seguir fomentando otras actividades como la lectura, la naturaleza, el deporte, momentos en familia, momentos de visitar a amigos o familiares, colaborar en casa, etc.


Cómo identificar si tu hijo tiene un problema de uso abusivo de las tecnologías
  • Se encierra en su habitación más de lo habitual.
  • Le cuesta salir de casa.
  • Baja su rendimiento escolar de forma repentina.
  • Notamos cambios físicos como bajada de peso, cansancio o somnolencia.
  • Los problemas de sueño suelen ser frecuen­tes (Insomnio de conciliación) tanto por alargar los tiempos de conexión hasta altas horas de la noche o madrugada,  como por la disminución de horas de sueño y la dificul­tad a la hora de levantarse por la mañana (hipersom­nia).
  • La mentira y la manipulación sobre el tiempo real del uso de las pantallas suele ser habitual, como las quejas de los más próximos (padres, hermanos) sobre su utilización permanente.
  • Deterioro en su vida social: cambia de amigos o sólo se relaciona con aquellos con quien “comparte juego”. En general, sólo puede mantener una amistad más o menos sólida con otros jóvenes que juegan muchas horas al día.
  • Se muestra agresiv@, contesta mal o cualquier otro cambio brusco en su carácter.
  • Se irrita, o incluso se vuelve violent@ cada vez que intentamos que apague el móvil o el PC.

En casos más graves, la ayuda psicológica es imprescindible. No sólo el joven deberá acudir a tratamiento, la intervención familiar es vital para el éxito del tratamiento. 
Aún recuerdo un caso que llevamos conjuntamente nuestro equipo de un chico que se pasó todo el verano encerrado en su cuarto con las persianas bajadas jugando a videojuegos online. El nivel de aislamiento y de patología en este caso era muy grave.
Este caso sin duda, tenía una similitud asombrosa con el fenómeno Hikikomori. Esta palabra deriva del verbo hiki, que sería como “retirarse o atrincherarse”, y de komoru, que significa “entrar”. Este fenómeno se originó en Japón en los 90, pero en la actualidad también se da en otros países, como en España por ejemplo.
Los hikikomoris son personas que viven completamente aisladas en sus casas, sin ningún tipo de contacto social más allá de la interacción a través de las pantallas. No acostumbran a salir de casa si no es estrictamente necesario.
Al principio se relacionó esta conducta con la adicción a los videojuegos, así como a los cómics y dibujos animados japoneses (Manga y Anime). No obstante, en la actualidad, los psicólogos creemos que es un fenómeno mucho más complejo en el que pueden intervenir multitud de factores como: un posible acoso escolar, sobreprotección de los padres, problemas familiares, falta de expectativas futuras, patología psiquiátrica previa, etc.
Sin duda, esto es un caso extremo. Y no hay que esperar ni mucho menos a llegar a esto. En el momento que veamos que no podemos solos ante esta situación, pedir ayuda profesional es señal de responsabilidad y sentido común.








miércoles, 8 de julio de 2020

¿Necesitas tenerlo todo bajo control? La ansiedad de querer controlar lo incontrolable.



Es normal que todos necesitemos tener cierto control sobre las cosas y sobre nuestros seres queridos. ¿Pero dónde está la línea entre un control normal y un exceso de control? Si nuestro “control” no nos crea sufrimiento ni tensión ni a nosotros ni a nuestro entorno, estaría dentro de la normalidad. Pero si pasa lo contrario, ya hablamos de malestar emocional o incluso de un posible trastorno.
La situación actual de pandemia que estamos viviendo aún nos coloca más en esta situación de ansiedad y de control. De hecho, ha sido y es así para garantizar nuestra supervivencia: controlar lo que tocamos, lavarnos las manos, no tocarnos la cara, llevar mascarilla, distancia social, y un largo etc.
Ante tanto control que se nos exige para garantizar nuestra salud, es normal que personas que ya eran ansiosas, sufridoras o controladoras de por sí, hayan visto aumentados estos síntomas y estén sufriendo un gran malestar psicológico.
Cuando estas personas tocan fondo y suelen pedir ayuda psicológica, generalmente suele ser por alguno de estos motivos:
  1. Sufren un agotamiento extremo “No puedo más con todo”.
  2. Han sufrido alguna crisis de ansiedad o de pánico.
  3. Empiezan a somatizar o incluso les lleva a la hipocondría.
  4. Tanto control está perjudicando sus relaciones.

De hecho, te planteo esta serie de preguntas. ¿Te sientes identificad@ con alguna de ellas?
  • ¿Sueles anticipar mucho las cosas que crees que pueden suceder?
  • ¿Te preocupas demasiado por los demás?
  • ¿Le das mil vueltas a lo que te dicen los demás?
  • ¿Lo tienes siempre todo pensado?
  • ¿Tiene que estar todo en su sitio para que estés tranquil@?
  • ¿Acabas haciéndolo siempre tú todo?
  • ¿Te enfadas a menudo cuando los demás “no hacen las cosas bien”?
  • ¿Sabes relajarte y desconectar al 100%?
  • ¿Necesitas controlar lo que pasa a tu alrededor aunque eso te agote?
  • ¿Puedes dejar de controlar?

Exceso de control y ansiedad
La necesidad de controlar va de la mano de la ansiedad. Es frecuente que cuando nos sentimos ansiosos, tendemos a controlar en exceso para mitigar esa ansiedad. Pero el exceso de control es un bucle infinito, ya que siempre salen a la luz más y más detalles que se nos escaparan de nuestro control y queremos controlar. A más miedo, más control. Pero esto es un engaño, un arma de doble filo.

El bucle de la necesidad de control
Ante esta necesidad de control, por un lado aumenta tu nivel de ansiedad ya que estás en alerta para intentar tener todo bajo control.
En un primer momento, parece que te ayuda a sentirte tranquil@ y segur@, en otro plano, te genera más ansiedad porque por mucho que quieras, muchas veces las cosas no salen como tú esperas que salgan. Con lo cual, volvemos de nuevo al inicio del pensamiento angustiante.



Los mecanismos de control
Ante esta realidad, nuestra mente intentará encontrar mecanismos de control para hacernos sentir a salvo, para evitar imprevistos y para sentirnos tranquilos. Así que nuestra mente tiene muchas formas de aplicar este control para mitigar la ansiedad, como por ejemplo:
1. Preocuparse excesivamente: Pensando una y otra vez en lo que te produce ansiedad, con el consiguiente autoengaño de que así no sucederá lo que tememos.

2. Sufrir antes de tiempo: serán los típicos “sufridores”. Lo hacen todo ellos, convencidos que el resto no lo hará. Pueden estar muy conectados en anticipar riesgos, se escudan en lo mal que va el mundo, en las oticias cada vez peores que nos ofrecen los informativos, etc. Como diría Covey “los sufridores primero sufren y después intentan solucionar”.

3. Planificarlo todo y llenar la agenda: hay personas que les asusta la sensación de “vacío”, en el fondo hay miedo de conectar consigo mismo y su soledad. Así que su mecanismo consiste en programar todo con anticipación y asegurarse que habrá algo qué hacer. * En este confinamiento hemos visto un gran ejemplo de esto: la gente hiperactivada a hacer cosas que no habían hecho antes. Quizá nunca habían hecho tanto pilates, tanto deporte, tanta repostería… el caso era no parar y no conectar con el miedo.

4. Cuidar en exceso (hacer de salvador) de los demás: en estas situaciones aparece un arma de doble filo. Ocupándose de la vida los demás la persona consigue dos beneficios generalmente “inconscientes”:
         - Sentirse querida, necesitada… y esto le da seguridad, ya que en el fondo suele                      haber muchas inseguridades y falta de autoconfianza.
         - No tener que enfrentarse a sus propios miedos, a sus propias necesidades. Es una              huida a través de los demás.

5. Vivir mentalmente: estas personas suelen hacerlo todo “mentalmente” y no se paran a atender sus emociones. Lo hacen todo cuando toca, cómo toca. Su mecanismo está encaminado a evitar conectar con las emociones, ya que no las entienden, las sufren.

6. Evitar y postergar enfrentar la situación temida, dejándola para más adelante, momento que por lo general no llega.


7. Pretendiendo que todo se mantenga inalterable, “sin salirse del guión”: estas personas suelen ser muy rígidas. Esta rigidez es lo que “aparentemente” les da seguridad, ya que temen que si improvisan o “se dejan ir y se sueltan” es peligroso y les irá mal. Así que suelen hacerse los fuertes, hacen muy bien lo que saben hacer y en ese mapa mental se sienten aparentemente seguros. Pero en realidad, de nuevo vuelve a ser un engaño, porque se hacen dependientes de su propia rigidez. Y como diría Xavier Guix “no hay peor combinación que miedo y exigencias, es un cóctel letal”.


8. El miedo en el cuerpo: la “hipocondría” o somatizaciones: no conectar con el auténtico miedo, y desviarlo hacia somatizaciones en el cuerpo y en su extremo, la hipocondría. De esta forma, mientras me obsesiono con esto, no me ocupo de otros temas que muy probablemente me estén generando una insatisfacción más profunda y vital: hastío, frustración, tristeza, problemas de pareja, etc.

9. Chantaje emocional: quizá el concepto suena fatal, pero es mucho más habitual de lo que pensamos. De hecho, a veces todos hacemos pequeños chantajes emocionales a los otros sin darnos cuenta para conseguir lo que queremos. El problema viene cuando esto se convierte en una dinámica recurrente y tóxica. Las personas pueden chantajear de muchas formas, haciéndose la víctima, haciendo sentir culpable, con reacciones hostiles… en el fondo, estas personas suelen sufrir de fondo un miedo inconfesable, quedarse solas. Y han aprendido a resolver la situación de esta forma tan nefasta.

Por dónde empezar
Las personas que sufren este exceso de control, se quejan de que nunca consiguen relajarse. Por mucho que pongan de su parte, es como si su cabeza no consiguiera desconectar y siempre están algo preocupados, anticipando, sufriendo... En realidad pagan un precio muy alto a este exceso de control, ya que el intento imposible de llegar a todos se dejan literalmente la piel y la salud.
En resumen, se trata de entender que no sirve de mucho “PRE-OCUPARSE” de las cosas, la cuestión es OCUPARSE, centrarse en la acción, concentrados en lo que hay que hacer en el momento en que las cosas ocurren. Está bien anticipar diversos escenarios, pero convencidos de que ante cualquier escenario posible saldremos airosos, resilientes. Esto es mucho mejor que divagar en la PREOCUPACIÓN y dispersarnos y perdernos en ella, enganchados en el sufrimiento.
Algunas pistas por dónde empezar:
  • Diferenciar bien lo que depende de mí y lo que no.
  • Aprender a delegar y a confiar.
  • Confía en ti, en los otros y en la vida.
  • Vivir en el presente.
  • Respirar hondo: cómo respiramos es síntoma de cómo estamos.
  • "No sentirme un bicho raro". Compartir puede liberarme.
  • Practicar Mindfulness, Yoga, deporte, etc.
  • Soltar lastres, descontrolarnos con cordura.
  • Solicita ayuda psicológica cuando la situación te provoque malestar a ti o a tu entorno más cercano


* Acabaré este post con un pequeño fragmento (del cual no he sabido identificar su autor):
“Cuentan que un discípulo le preguntó a su maestro: “Maestro, ¿cuál es el secreto de tu serenidad?” Y respondió: “Entregarme incondicionalmente a lo inevitable” La sabiduría de la felicidad; distinguir lo inevitable de lo evitable, lo que está bajo mi control y lo que escapa a él.



lunes, 6 de julio de 2020

La estrategia de las AUTOINSTRUCCIONES en el TDAH

¿Qué son las autoinstrucciones?

Las autoinstrucciones son una técnica que consiste en un conjunto de pasos a seguir que resultan muy útiles en casos de trastornos de aprendizaje y sobre todo en los casos de TDAH, ya que permiten que el niño vaya consiguiendo regular su propia conducta.

Especialmente en el TDAH, el niñ@ no es 100% autónomo en su aprendizaje, por lo que necesita un apoyo extra. Y esta es una muy buena estrategia.

Sería como “hablarse a sí mismo para poder guiar, controlar o parar el propio comportamiento” y conseguir una actitud más reflexiva y autónoma, tanto para las tareas académicas como para los hábitos y rutinas diarias, e incluso para mejorar sus relaciones sociales.

Es entre los cinco y siete años de edad cuando el niñ@ está capacitado para inhibir regular su comportamiento a través de esta técnica.


¿Qué pasos debemos tener en cuenta?

1. Modelado: El psicólogo o adulto actúa como modelo y va diciendo en voz alta todo lo que va haciendo mientras realiza una tarea concreta.


2. Guía Externa: El niñ@ lleva a cabo las tareas y el adulto va diciéndole los pasos a seguir en voz alta.

Y a continuación empezarían las fases de Aprendizaje (Generalización):

3. Autoinstrucciones en Voz Alta: El niñ@ vuelve a realizar la tarea, pero mientras él mismo va diciendo los pasos en voz alta.

4. Autoinstrucciones Enmascaradas: El niñ@ volverá a realizar la tarea, pero en este caso, va comentando los pasos en un voz baja.

5. Autoinstrucciones Encubiertas: El niñ@ ya habrá interiorizado la estrategia y puede realizar la tarea, guiando su acción a través del diálogo interno. 


¿Por qué son útiles las autoinstrucciones para los niñ@s con TDAH?

  • Las autoinstrucciones tienen una función elentecedora de la acción, y le proporcionan al niñ@ mayor reflexividad.
  • Facilitan que el niñ@ sea capaz de mantener un diálogo interno, que en muchas ocasiones desaparece en niñ@s con  TDAH, los cuales suelen actuar de forma impulsiva y sin pensar en las consecuencias.
  • A medida que esta serie de pasos se van convirtiendo en un aprendizaje automático, disminuyen notablemente las distracciones durante la tarea.

¿Cómo crear autoinstrucciones específicas para cada niñ@?

  1. Pensar cuál es la conducta meta, ¿Qué queremos conseguir?
  2. Dividir dicha conducta meta en diferentes pasos lo más concreto posibles.
  3. Acompañar cada instrucción con un dibujo o pictograma, ya que reforzará el aprendizaje.
  4. Una estrategia útil, puede ser buscar un interés del niño (p. ej. un personaje que le guste mucho) y ponerlo al lado del título. De esta forma, aumentamos su motivación.

A continuación, os hemos preparado un ejemplo de Autoinstrucciones. ¡Esperamos que os sea útil! 


 

 

 

 

miércoles, 1 de julio de 2020

En qué consiste la psicoterapia infanto juvenil



Después de más de 17 años como psicóloga infantil, tratamos muchas veces con padres que traen a su hijo a consulta, pero con dudas respecto a “qué es esto de la psicología”.  Entiendo sus dudas, ya que por desgracia la psicología es una ciencia poco conocida aún en nuestro país. 


Y me gustaría insistir en esto, la psicología es una CIENCIA y como tal, los profesionales que la ejercemos estamos capacitados para tratar con la mente de las personas, del mismo modo que un fisioterapeuta está lo está para tratar la musculatura de un paciente o un oftalmólogo sus ojos.

 

¿En qué podemos ayudaros?

Los problemas psicológicos más frecuentes a la infancia y adolescencia son:

             Trastornos del estado de ánimo: ansiedad, depresión, irritabilidad…

             Trastornos del aprendizaje: TDAH, retraso en el aprendizaje, dislexia, discalculia...

             Procesos de duelo y pérdida: divorcio de los padres, muerto de un familiar o amigo...

             Trastornos del espectro autista.

             Enuresis y encopresis (incontinencia urinaria y anal respectivamente).

             Fobia escolar, fobia social, otras fobias...

             Problemas de relaciones sociales: retraimiento, aislamiento, evitación, bullying...

             Trastornos de la conducta alimentaria.

Por otro lado, orientamos y asesoramos a familias a qué puedan encontrar sus recursos para reconducir las situaciones que se los generan malestar emocional.


¿Cómo saber cuál es el problema cuando el paciente es un niño?

En primer lugar, hay que realizar una evaluación completa para conocer cuál es el diagnóstico y ante qué problema nos encontramos. Por eso, lo primero es realizar una entrevista con los padres y, a continuación, varias sesiones de evaluación con el niño (suelen oscilar entre 3 y 6 dependiente del caso). En estas sesiones de diagnóstico, solemos centrarnos en dos ejes fundamentales:

1.           La inteligencia y el rendimiento académico

Evaluar la parte cognitiva del niño es básico, puesto que nos aportará mucha información sobre cómo procesa el niño la información que recibe. Por otro lado, los resultados de las pruebas de inteligencia también nos aportarán una información muy importante: cuál es el potencial intelectual del niño y si su rendimiento académico está a la altura o no de este potencial. Por ejemplo, es muy sorprendente cuando nos llega un niño que está suspendiendo entre 5-6 asignaturas por trimestre y, después de la realización de estas pruebas, nos encontramos que presenta un cociente intelectual muy alto en relación a su bajo rendimiento. Lógicamente, también nos encontramos casos en la inversa, cuando comprobamos gracias a estas pruebas que el niño no rinde en la escuela porque presenta un retraso en el aprendizaje o un problema asociado al aprendizaje, como puede ser un TDAH (trastorno de déficit de atención con hiperactividad).


2.           El estado de ánimo actual y su personalidad

Por otro lado, hace falta que evaluamos como se encuentra el niño emocionalmente:  qué le angustia, por qué está triste, por qué está enfadado, por qué pega o reta el profesor...  En este terreno, las herramientas con que contamos son muy amplias: desde cuestionarios (que nos ofrecen unos resultados objetivos) al juego y el dibujo, así como la entrevista y el diálogo.

Una vez finalizada la evaluación, de nuevo realizamos una entrevista con los padres donde pondremos sobre la mesa cuál es el problema y cuál el tratamiento más adecuado. No siempre la vía es la terapia psicológica del niño, puesto que muchas veces el niño solo está manifestando un problema familiar o simplemente está bien y los que están angustiados son los padres. En cualquier caso, en este momento asesoramos a los padres sobre la mejor alternativa para resolver el motivo de consulta.

 

¿En qué consiste la psicoterapia infantil?

La terapia infantil consistirá en resolver los conflictos que presenta el niño básicamente a través del dibujo, el juego, el diálogo y lo que todavía es más importante, la relación interpersonal entre el psicólogo y el niño. Cuando un niño viene a terapia necesita sentirse entendido, aceptado, no juzgado, escuchado... y todo esto solo lo podemos transmitir al niño si construimos un vínculo de confianza y seguridad en la relación con él. Querría, no obstante, matizar que aceptar el niño no quiere decir tolerar todo lo que haga. Por eso, una parte importante de la terapia consistirá al marcar unos límites y uno entorno de protección que reforzará la seguridad del niño.

Respecto al juego y el dibujo, éstas son dos herramientas de evaluación y de tratamiento muy importantes en la terapia psicológica (sobre todo en niños pequeños, pero también en adolescentes). Los niños no siempre podrán expresar con la palabra qué les pasa, pero siempre podrán hacerlo a través del juego y el dibujo. Estas dos herramientas nos darán una información importantísima sobre cómo se ve el niño, cómo se relaciona con los otros y cómo vive su dinámica familiar.

Así mismo y en nuestro caso, siempre explicamos a los padres que la psicoterapia infantil es un equipo: los padres, el niño, el psicólogo y la escuela. Es importante tener reuniones con los padres y con la escuela para marcar una línea de trabajo conjunta. De esta forma la terapia nos dará unos resultados más rápidos y eficientes.

Pero la psicoterapia infantil consiste en muchas más cosas, un psicólogo infantil, aparte de tener la carrera universitaria y formación específica en psicopatología infantil, tendrá que conocer quién son La Patrulla Canina, las LOL, que hacen Frozen y Spiderman, qué es Fortnite y por qué tantos niños hablan de este videojuego, etc. Y cuando el paciente es adolescente tenemos que conocer bien cómo funciona Instagram, que significa ser popular, por qué impactan tanto los youtubers o influencers, etc.

¿Y esto por qué? Porque este es el mundo que el niño o joven nos llevará a consulta. El juego es una cosa muy seria para un niño y las relaciones sociales son básicas en la adolescencia. El psicólogo tiene que mostrar al niño o joven un total respeto por sus cosas, del mismo modo que se lo mostraríamos a un adulto cuando nos habla de sus problemas.