jueves, 9 de julio de 2020

La “adicción” a las pantallas


El confinamiento ha hecho estragos con el tema de las pantallas entre niños, adolescentes e incluso bebés. Lo sabíamos, los padres éramos conscientes y sentirnos “malos padres” ahora no ayuda en nada.
Hemos hecho lo que realmente hemos podido ante una situación tan excepcional. Combinar el teletrabajo y el cuidado de los niños era tarea casi imposible. Y por otro lado, el encierro fomentaba la falta de actividades nuevas con las que poder entretenerse.

Y ahora tenemos por delante un verano atípico, donde quizá ir a la playa o la piscina no sea tan fácil, los campamentos muchos padres los han descartado ante tanta incertidumbre… Por tanto, ahora si puede ser buen momento para plantearse si el tema de las pantallas “se nos ha ido de madre” y hay que reconducirlo.

Definición. ¿Uso abusivo o adicción a las nuevas tecnologías?
A pesar de que la literatura cien­tífica ha presentado en los últimos años muchos estudios sobre el abuso de las nuevas tecnologías, todavía no existe un criterio único entre la comunidad científica a la hora de considerarlo un trastorno adictivo o no.

A pesar de esta falta de unanimidad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye en la  Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), por primera vez el trastorno por videojuegos como un trastorno mental más y lo define como: “un comportamiento persisten­te o recurrente de juego” –ya sea online u offline– que se manifiesta a través de tres signos:

  1. Ausencia de control en la conducta de juego en cuanto al inicio, frecuencia, intensidad, duración, finalización y contexto en que se juega.
  2. Prioridad que se otorga a los juegos frente a otros intereses vitales y actividades diarias
  3. Persistencia de la conducta o incremento de esta “a pesar de las consecuencias negativas asociadas”.


El patrón de juego debe ser grave y además producir un deterioro significativo en el ámbito personal, fami­liar, social, académico, laboral u otras áreas de funcio­namiento. La sintomatología debe evidenciarse en un periodo de, al menos, doce meses o en menor tiempo si se dan todos los criterios reseñados y la sintomato­logía es graves.
Por otro lado, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana DSM-V (2013) no incluyó la adicción a las nuevas tecnologías y únicamente reconoce al juego (“ludopatía” anteriormente) como única adic­ción comportamental.
Pero más allá de las definiciones científicas, y aunque “científicamente” todavía no podemos hablar de adicción, todos sabemos que año tras año aumentan los casos de niños cada vez más pequeños con verdaderos problemas con el abuso de las pantallas.
¿Qué hacer? Cómo fomentar un uso responsable
A veces, ante la preocupación por una posible adicción a las pantallas, las familias acuden a Google en busca de respuestas. Internet nos puede ofrecer información muy valiosa, pero también podemos encontrarnos con titulares tan escandalosos como Fortnite recibe demanda por ser más adictivo que la cocaína. Y esto lo único que va a hacer es aumentar nuestra angustia y nuestra culpa.

Las pantallas, bien utilizadas pueden ser un instrumento básico en la información, la comunicación, la formación y el entretenimiento de nuestros hijos y de nosotros mismos. Por tanto, que nuestros hijos hagan un uso responsable de las pantallas es responsabilidad nuestra. Al final, de lo que se trata es de conseguir que puedan desarrollarse personalmente, crecer saludablemente y, que sepan divertirse y entretenerse con ellas de forma saludable.
Cómo fomentar el uso responsable.
Poner normas y límites será fundamental para que los menores aprendan a convivir con el mundo digital de una forma saludable.
En primer lugar, respecto al tiempo de uso, la Asociación Americana de Pediatría (AAP) establece lo siguiente:
  • 0 – 2 años: Nada de pantallas
  • 2– 5 años: Entre media y una hora al día
  • 7– 12 años: Una hora con un adulto delante. Nunca en horas de comidas.
  • 12 – 15 años: Una hora y media. 
  • Más de 16 años: Dos horas. 

Quizá algunos padres os estéis echando las manos a la cabeza ahora mismo, yo misma me he excedido en el confinamiento y en alguna otra ocasión. Pero esto, no quiero que os haga culpabilizar. Nuestra intención es ofreceros información veraz para que vosotros, como padres, decidáis lo que es mejor para vuestros hijos.
Por otro lado, estas “recomendaciones” creemos que pueden ser de utilidad.
Explicarles los beneficios y riesgos, informarles de los tipos de contenidos, enseñarles a navegar y hacerlo con ellos. Puede ser muy útil usar un tipo de contrato donde se especifique su uso. En @empantallados tenéis un montón de recursos útiles, como el contrato para su primer móvil. También podéis mirar su web porque es muy interesante.
  • Las pantallas es mejor que estén en zonas comunes.
  • El contenido debe ser acorde a la edad del niño. En caso de videojuegos podemos basarnos en el código PEGI. Y recordemos también el uso del control parental.
  • Dar ejemplo. Un recurso útil puede ser usar una pequeña caja en el recibidor donde dejemos el móvil al llegar cierta hora y sólo lo cojamos si recibimos una llamada importante, por ejemplo.
  • Interaccionar con el niño o joven e interesarnos por el juego que le gusta o los dibujos que ve en la Tablet. De esta forma procuraremos evitar el aislamiento y estaremos informados sobre los contenidos que ven. Conviene hablar frecuentemente con ellos sobre las páginas que utilizan y para qué.
  • Evitar el uso de pantallas a la hora de comer, ya que en niños pequeños hace que se hipnoticen y coman sin ser conscientes de ello. Y en niños más grandes, nos aislamos y evitamos la comunicación familiar.
  • Por supuesto, evitar el uso de pantallas al menos una hora antes de ir a dormir, ya que la luz azul los activará y afecta al sueño.
  • Es recomendable que las pantallas no se conviertan en un “chantaje”, esto se refiere tanto a los premios como a los castigos. Lo que queremos es que nuestros hijos hagan un uso responsable de las pantallas, por eso es recomendable que no se las regalemos por sacar buenas notas y se lo retiremos porque nos han contestado mal. De esta forma los estamos intentando “adiestrar”, pero como muchos padres habréis comprobado esto funciona muy poco tiempo. Por tanto, siempre será mejor relacionarlas con responsabilidad y establecer unos límites claros. Si se cruzan esos límites, sí que retiramos la pantalla de forma temporal. Pero eso no es un castigo, es una consecuencia directa de sus actos.
  • Evitar que accedan a contenidos de riesgo (bulimia, anorexia, violencia, pornografía, pedofilia, etc.). Estableciendo programas de control parental.
  • Proteger todos los dispositivos con conexión a la red con antivirus, bloqueos de pantalla, contraseñas y códigos fuertes.
  • Enseñarles el valor de la privacidad. Lo que se sube a la Red permanecerá para siempre.
  • Enseñar siempre el respeto a los otros y hablar con ellos sobre el ciberbullyng:   cuando entre menores se insultan, amenazan, chantajean y humillan a través de una red social.
  • Cuando son más mayores, informarles sobre el sexting: envío de material erótico o pornográfico a través de una red social.
  • Informarles sobre el fenómeno del grooming: se produce cuando un adulto se hace pasar por menor, para chantajearle y abusar sexualmente de él.
  • *Ante un caso de sospecha o certeza de ciberacoso o grooming se debe actuar siempre de forma inmediata. Hay que alejarles del acosador y denunciar el hecho. Si la situación es grave pida ayuda a un profesional.
  • Recordarle siempre a nuestr@ hij@ que no debe contactar ni seguir en redes sociales a quien no conoce en la vida real. Y mucho menos acudir a una cita.
  • Y por supuesto, no olvidarnos de seguir fomentando otras actividades como la lectura, la naturaleza, el deporte, momentos en familia, momentos de visitar a amigos o familiares, colaborar en casa, etc.


Cómo identificar si tu hijo tiene un problema de uso abusivo de las tecnologías
  • Se encierra en su habitación más de lo habitual.
  • Le cuesta salir de casa.
  • Baja su rendimiento escolar de forma repentina.
  • Notamos cambios físicos como bajada de peso, cansancio o somnolencia.
  • Los problemas de sueño suelen ser frecuen­tes (Insomnio de conciliación) tanto por alargar los tiempos de conexión hasta altas horas de la noche o madrugada,  como por la disminución de horas de sueño y la dificul­tad a la hora de levantarse por la mañana (hipersom­nia).
  • La mentira y la manipulación sobre el tiempo real del uso de las pantallas suele ser habitual, como las quejas de los más próximos (padres, hermanos) sobre su utilización permanente.
  • Deterioro en su vida social: cambia de amigos o sólo se relaciona con aquellos con quien “comparte juego”. En general, sólo puede mantener una amistad más o menos sólida con otros jóvenes que juegan muchas horas al día.
  • Se muestra agresiv@, contesta mal o cualquier otro cambio brusco en su carácter.
  • Se irrita, o incluso se vuelve violent@ cada vez que intentamos que apague el móvil o el PC.

En casos más graves, la ayuda psicológica es imprescindible. No sólo el joven deberá acudir a tratamiento, la intervención familiar es vital para el éxito del tratamiento. 
Aún recuerdo un caso que llevamos conjuntamente nuestro equipo de un chico que se pasó todo el verano encerrado en su cuarto con las persianas bajadas jugando a videojuegos online. El nivel de aislamiento y de patología en este caso era muy grave.
Este caso sin duda, tenía una similitud asombrosa con el fenómeno Hikikomori. Esta palabra deriva del verbo hiki, que sería como “retirarse o atrincherarse”, y de komoru, que significa “entrar”. Este fenómeno se originó en Japón en los 90, pero en la actualidad también se da en otros países, como en España por ejemplo.
Los hikikomoris son personas que viven completamente aisladas en sus casas, sin ningún tipo de contacto social más allá de la interacción a través de las pantallas. No acostumbran a salir de casa si no es estrictamente necesario.
Al principio se relacionó esta conducta con la adicción a los videojuegos, así como a los cómics y dibujos animados japoneses (Manga y Anime). No obstante, en la actualidad, los psicólogos creemos que es un fenómeno mucho más complejo en el que pueden intervenir multitud de factores como: un posible acoso escolar, sobreprotección de los padres, problemas familiares, falta de expectativas futuras, patología psiquiátrica previa, etc.
Sin duda, esto es un caso extremo. Y no hay que esperar ni mucho menos a llegar a esto. En el momento que veamos que no podemos solos ante esta situación, pedir ayuda profesional es señal de responsabilidad y sentido común.








miércoles, 8 de julio de 2020

¿Necesitas tenerlo todo bajo control? La ansiedad de querer controlar lo incontrolable.



Es normal que todos necesitemos tener cierto control sobre las cosas y sobre nuestros seres queridos. ¿Pero dónde está la línea entre un control normal y un exceso de control? Si nuestro “control” no nos crea sufrimiento ni tensión ni a nosotros ni a nuestro entorno, estaría dentro de la normalidad. Pero si pasa lo contrario, ya hablamos de malestar emocional o incluso de un posible trastorno.
La situación actual de pandemia que estamos viviendo aún nos coloca más en esta situación de ansiedad y de control. De hecho, ha sido y es así para garantizar nuestra supervivencia: controlar lo que tocamos, lavarnos las manos, no tocarnos la cara, llevar mascarilla, distancia social, y un largo etc.
Ante tanto control que se nos exige para garantizar nuestra salud, es normal que personas que ya eran ansiosas, sufridoras o controladoras de por sí, hayan visto aumentados estos síntomas y estén sufriendo un gran malestar psicológico.
Cuando estas personas tocan fondo y suelen pedir ayuda psicológica, generalmente suele ser por alguno de estos motivos:
  1. Sufren un agotamiento extremo “No puedo más con todo”.
  2. Han sufrido alguna crisis de ansiedad o de pánico.
  3. Empiezan a somatizar o incluso les lleva a la hipocondría.
  4. Tanto control está perjudicando sus relaciones.

De hecho, te planteo esta serie de preguntas. ¿Te sientes identificad@ con alguna de ellas?
  • ¿Sueles anticipar mucho las cosas que crees que pueden suceder?
  • ¿Te preocupas demasiado por los demás?
  • ¿Le das mil vueltas a lo que te dicen los demás?
  • ¿Lo tienes siempre todo pensado?
  • ¿Tiene que estar todo en su sitio para que estés tranquil@?
  • ¿Acabas haciéndolo siempre tú todo?
  • ¿Te enfadas a menudo cuando los demás “no hacen las cosas bien”?
  • ¿Sabes relajarte y desconectar al 100%?
  • ¿Necesitas controlar lo que pasa a tu alrededor aunque eso te agote?
  • ¿Puedes dejar de controlar?

Exceso de control y ansiedad
La necesidad de controlar va de la mano de la ansiedad. Es frecuente que cuando nos sentimos ansiosos, tendemos a controlar en exceso para mitigar esa ansiedad. Pero el exceso de control es un bucle infinito, ya que siempre salen a la luz más y más detalles que se nos escaparan de nuestro control y queremos controlar. A más miedo, más control. Pero esto es un engaño, un arma de doble filo.

El bucle de la necesidad de control
Ante esta necesidad de control, por un lado aumenta tu nivel de ansiedad ya que estás en alerta para intentar tener todo bajo control.
En un primer momento, parece que te ayuda a sentirte tranquil@ y segur@, en otro plano, te genera más ansiedad porque por mucho que quieras, muchas veces las cosas no salen como tú esperas que salgan. Con lo cual, volvemos de nuevo al inicio del pensamiento angustiante.



Los mecanismos de control
Ante esta realidad, nuestra mente intentará encontrar mecanismos de control para hacernos sentir a salvo, para evitar imprevistos y para sentirnos tranquilos. Así que nuestra mente tiene muchas formas de aplicar este control para mitigar la ansiedad, como por ejemplo:
1. Preocuparse excesivamente: Pensando una y otra vez en lo que te produce ansiedad, con el consiguiente autoengaño de que así no sucederá lo que tememos.

2. Sufrir antes de tiempo: serán los típicos “sufridores”. Lo hacen todo ellos, convencidos que el resto no lo hará. Pueden estar muy conectados en anticipar riesgos, se escudan en lo mal que va el mundo, en las oticias cada vez peores que nos ofrecen los informativos, etc. Como diría Covey “los sufridores primero sufren y después intentan solucionar”.

3. Planificarlo todo y llenar la agenda: hay personas que les asusta la sensación de “vacío”, en el fondo hay miedo de conectar consigo mismo y su soledad. Así que su mecanismo consiste en programar todo con anticipación y asegurarse que habrá algo qué hacer. * En este confinamiento hemos visto un gran ejemplo de esto: la gente hiperactivada a hacer cosas que no habían hecho antes. Quizá nunca habían hecho tanto pilates, tanto deporte, tanta repostería… el caso era no parar y no conectar con el miedo.

4. Cuidar en exceso (hacer de salvador) de los demás: en estas situaciones aparece un arma de doble filo. Ocupándose de la vida los demás la persona consigue dos beneficios generalmente “inconscientes”:
         - Sentirse querida, necesitada… y esto le da seguridad, ya que en el fondo suele                      haber muchas inseguridades y falta de autoconfianza.
         - No tener que enfrentarse a sus propios miedos, a sus propias necesidades. Es una              huida a través de los demás.

5. Vivir mentalmente: estas personas suelen hacerlo todo “mentalmente” y no se paran a atender sus emociones. Lo hacen todo cuando toca, cómo toca. Su mecanismo está encaminado a evitar conectar con las emociones, ya que no las entienden, las sufren.

6. Evitar y postergar enfrentar la situación temida, dejándola para más adelante, momento que por lo general no llega.


7. Pretendiendo que todo se mantenga inalterable, “sin salirse del guión”: estas personas suelen ser muy rígidas. Esta rigidez es lo que “aparentemente” les da seguridad, ya que temen que si improvisan o “se dejan ir y se sueltan” es peligroso y les irá mal. Así que suelen hacerse los fuertes, hacen muy bien lo que saben hacer y en ese mapa mental se sienten aparentemente seguros. Pero en realidad, de nuevo vuelve a ser un engaño, porque se hacen dependientes de su propia rigidez. Y como diría Xavier Guix “no hay peor combinación que miedo y exigencias, es un cóctel letal”.


8. El miedo en el cuerpo: la “hipocondría” o somatizaciones: no conectar con el auténtico miedo, y desviarlo hacia somatizaciones en el cuerpo y en su extremo, la hipocondría. De esta forma, mientras me obsesiono con esto, no me ocupo de otros temas que muy probablemente me estén generando una insatisfacción más profunda y vital: hastío, frustración, tristeza, problemas de pareja, etc.

9. Chantaje emocional: quizá el concepto suena fatal, pero es mucho más habitual de lo que pensamos. De hecho, a veces todos hacemos pequeños chantajes emocionales a los otros sin darnos cuenta para conseguir lo que queremos. El problema viene cuando esto se convierte en una dinámica recurrente y tóxica. Las personas pueden chantajear de muchas formas, haciéndose la víctima, haciendo sentir culpable, con reacciones hostiles… en el fondo, estas personas suelen sufrir de fondo un miedo inconfesable, quedarse solas. Y han aprendido a resolver la situación de esta forma tan nefasta.

Por dónde empezar
Las personas que sufren este exceso de control, se quejan de que nunca consiguen relajarse. Por mucho que pongan de su parte, es como si su cabeza no consiguiera desconectar y siempre están algo preocupados, anticipando, sufriendo... En realidad pagan un precio muy alto a este exceso de control, ya que el intento imposible de llegar a todos se dejan literalmente la piel y la salud.
En resumen, se trata de entender que no sirve de mucho “PRE-OCUPARSE” de las cosas, la cuestión es OCUPARSE, centrarse en la acción, concentrados en lo que hay que hacer en el momento en que las cosas ocurren. Está bien anticipar diversos escenarios, pero convencidos de que ante cualquier escenario posible saldremos airosos, resilientes. Esto es mucho mejor que divagar en la PREOCUPACIÓN y dispersarnos y perdernos en ella, enganchados en el sufrimiento.
Algunas pistas por dónde empezar:
  • Diferenciar bien lo que depende de mí y lo que no.
  • Aprender a delegar y a confiar.
  • Confía en ti, en los otros y en la vida.
  • Vivir en el presente.
  • Respirar hondo: cómo respiramos es síntoma de cómo estamos.
  • "No sentirme un bicho raro". Compartir puede liberarme.
  • Practicar Mindfulness, Yoga, deporte, etc.
  • Soltar lastres, descontrolarnos con cordura.
  • Solicita ayuda psicológica cuando la situación te provoque malestar a ti o a tu entorno más cercano


* Acabaré este post con un pequeño fragmento (del cual no he sabido identificar su autor):
“Cuentan que un discípulo le preguntó a su maestro: “Maestro, ¿cuál es el secreto de tu serenidad?” Y respondió: “Entregarme incondicionalmente a lo inevitable” La sabiduría de la felicidad; distinguir lo inevitable de lo evitable, lo que está bajo mi control y lo que escapa a él.



lunes, 6 de julio de 2020

La estrategia de las AUTOINSTRUCCIONES en el TDAH

¿Qué son las autoinstrucciones?

Las autoinstrucciones son una técnica que consiste en un conjunto de pasos a seguir que resultan muy útiles en casos de trastornos de aprendizaje y sobre todo en los casos de TDAH, ya que permiten que el niño vaya consiguiendo regular su propia conducta.

Especialmente en el TDAH, el niñ@ no es 100% autónomo en su aprendizaje, por lo que necesita un apoyo extra. Y esta es una muy buena estrategia.

Sería como “hablarse a sí mismo para poder guiar, controlar o parar el propio comportamiento” y conseguir una actitud más reflexiva y autónoma, tanto para las tareas académicas como para los hábitos y rutinas diarias, e incluso para mejorar sus relaciones sociales.

Es entre los cinco y siete años de edad cuando el niñ@ está capacitado para inhibir y regular su comportamiento a través de esta técnica.


¿Qué pasos debemos tener en cuenta?

1. Modelado: El psicólogo o adulto actúa como modelo y va diciendo en voz alta todo lo que va haciendo mientras realiza una tarea concreta.


2. Guía Externa: El niñ@ lleva a cabo las tareas y el adulto va diciéndole los pasos a seguir en voz alta.

Y a continuación empezarían las fases de Aprendizaje (Generalización):

3. Autoinstrucciones en Voz Alta: El niñ@ vuelve a realizar la tarea, pero mientras él mismo va diciendo los pasos en voz alta.

4. Autoinstrucciones Enmascaradas: El niñ@ volverá a realizar la tarea, pero en este caso, va comentando los pasos en un voz baja.

5. Autoinstrucciones Encubiertas: El niñ@ ya habrá interiorizado la estrategia y puede realizar la tarea, guiando su acción a través del diálogo interno. 


¿Por qué son útiles las autoinstrucciones para los niñ@s con TDAH?

  • Las autoinstrucciones tienen una función elentecedora de la acción, y le proporcionan al niñ@ mayor reflexividad.
  • Facilitan que el niñ@ sea capaz de mantener un diálogo interno, que en muchas ocasiones desaparece en niñ@s con  TDAH, los cuales suelen actuar de forma impulsiva y sin pensar en las consecuencias.
  • A medida que esta serie de pasos se van convirtiendo en un aprendizaje automático, disminuyen notablemente las distracciones durante la tarea.

¿Cómo crear autoinstrucciones específicas para cada niñ@?

  1. Pensar cuál es la conducta meta, ¿Qué queremos conseguir?
  2. Dividir dicha conducta meta en diferentes pasos lo más concreto posibles.
  3. Acompañar cada instrucción con un dibujo o pictograma, ya que reforzará el aprendizaje.
  4. Una estrategia útil, puede ser buscar un interés del niño (p. ej. un personaje que le guste mucho) y ponerlo al lado del título. De esta forma, aumentamos su motivación.

A continuación, os hemos preparado un ejemplo de Autoinstrucciones. ¡Esperamos que os sea útil! 


 

 

 

 

miércoles, 1 de julio de 2020

En qué consiste la psicoterapia infanto juvenil



Después de más de 17 años como psicóloga infantil, tratamos muchas veces con padres que traen a su hijo a consulta, pero con dudas respecto a “qué es esto de la psicología”.  Entiendo sus dudas, ya que por desgracia la psicología es una ciencia poco conocida aún en nuestro país. 


Y me gustaría insistir en esto, la psicología es una CIENCIA y como tal, los profesionales que la ejercemos estamos capacitados para tratar con la mente de las personas, del mismo modo que un fisioterapeuta está lo está para tratar la musculatura de un paciente o un oftalmólogo sus ojos.

 

¿En qué podemos ayudaros?

Los problemas psicológicos más frecuentes a la infancia y adolescencia son:

•             Trastornos del estado de ánimo: ansiedad, depresión, irritabilidad…

•             Trastornos del aprendizaje: TDAH, retraso en el aprendizaje, dislexia, discalculia...

•             Procesos de duelo y pérdida: divorcio de los padres, muerto de un familiar o amigo...

•             Trastornos del espectro autista.

•             Enuresis y encopresis (incontinencia urinaria y anal respectivamente).

•             Fobia escolar, fobia social, otras fobias...

•             Problemas de relaciones sociales: retraimiento, aislamiento, evitación, bullying...

•             Trastornos de la conducta alimentaria.

Por otro lado, orientamos y asesoramos a familias a qué puedan encontrar sus recursos para reconducir las situaciones que se los generan malestar emocional.


¿Cómo saber cuál es el problema cuando el paciente es un niño?

En primer lugar, hay que realizar una evaluación completa para conocer cuál es el diagnóstico y ante qué problema nos encontramos. Por eso, lo primero es realizar una entrevista con los padres y, a continuación, varias sesiones de evaluación con el niño (suelen oscilar entre 3 y 6 dependiente del caso). En estas sesiones de diagnóstico, solemos centrarnos en dos ejes fundamentales:

1.           La inteligencia y el rendimiento académico

Evaluar la parte cognitiva del niño es básico, puesto que nos aportará mucha información sobre cómo procesa el niño la información que recibe. Por otro lado, los resultados de las pruebas de inteligencia también nos aportarán una información muy importante: cuál es el potencial intelectual del niño y si su rendimiento académico está a la altura o no de este potencial. Por ejemplo, es muy sorprendente cuando nos llega un niño que está suspendiendo entre 5-6 asignaturas por trimestre y, después de la realización de estas pruebas, nos encontramos que presenta un cociente intelectual muy alto en relación a su bajo rendimiento. Lógicamente, también nos encontramos casos en la inversa, cuando comprobamos gracias a estas pruebas que el niño no rinde en la escuela porque presenta un retraso en el aprendizaje o un problema asociado al aprendizaje, como puede ser un TDAH (trastorno de déficit de atención con hiperactividad).


2.           El estado de ánimo actual y su personalidad

Por otro lado, hace falta que evaluamos como se encuentra el niño emocionalmente:  qué le angustia, por qué está triste, por qué está enfadado, por qué pega o reta el profesor...  En este terreno, las herramientas con que contamos son muy amplias: desde cuestionarios (que nos ofrecen unos resultados objetivos) al juego y el dibujo, así como la entrevista y el diálogo.

Una vez finalizada la evaluación, de nuevo realizamos una entrevista con los padres donde pondremos sobre la mesa cuál es el problema y cuál el tratamiento más adecuado. No siempre la vía es la terapia psicológica del niño, puesto que muchas veces el niño solo está manifestando un problema familiar o simplemente está bien y los que están angustiados son los padres. En cualquier caso, en este momento asesoramos a los padres sobre la mejor alternativa para resolver el motivo de consulta.

 

¿En qué consiste la psicoterapia infantil?

La terapia infantil consistirá en resolver los conflictos que presenta el niño básicamente a través del dibujo, el juego, el diálogo y lo que todavía es más importante, la relación interpersonal entre el psicólogo y el niño. Cuando un niño viene a terapia necesita sentirse entendido, aceptado, no juzgado, escuchado... y todo esto solo lo podemos transmitir al niño si construimos un vínculo de confianza y seguridad en la relación con él. Querría, no obstante, matizar que aceptar el niño no quiere decir tolerar todo lo que haga. Por eso, una parte importante de la terapia consistirá al marcar unos límites y uno entorno de protección que reforzará la seguridad del niño.

Respecto al juego y el dibujo, éstas son dos herramientas de evaluación y de tratamiento muy importantes en la terapia psicológica (sobre todo en niños pequeños, pero también en adolescentes). Los niños no siempre podrán expresar con la palabra qué les pasa, pero siempre podrán hacerlo a través del juego y el dibujo. Estas dos herramientas nos darán una información importantísima sobre cómo se ve el niño, cómo se relaciona con los otros y cómo vive su dinámica familiar.

Así mismo y en nuestro caso, siempre explicamos a los padres que la psicoterapia infantil es un equipo: los padres, el niño, el psicólogo y la escuela. Es importante tener reuniones con los padres y con la escuela para marcar una línea de trabajo conjunta. De esta forma la terapia nos dará unos resultados más rápidos y eficientes.

Pero la psicoterapia infantil consiste en muchas más cosas, un psicólogo infantil, aparte de tener la carrera universitaria y formación específica en psicopatología infantil, tendrá que conocer quién son La Patrulla Canina, las LOL, que hacen Frozen y Spiderman, qué es Fortnite y por qué tantos niños hablan de este videojuego, etc. Y cuando el paciente es adolescente tenemos que conocer bien cómo funciona Instagram, que significa ser popular, por qué impactan tanto los youtubers o influencers, etc.

¿Y esto por qué? Porque este es el mundo que el niño o joven nos llevará a consulta. El juego es una cosa muy seria para un niño y las relaciones sociales son básicas en la adolescencia. El psicólogo tiene que mostrar al niño o joven un total respeto por sus cosas, del mismo modo que se lo mostraríamos a un adulto cuando nos habla de sus problemas.


martes, 30 de junio de 2020

TDAH: Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad

Definición

El TDAH es un trastorno neurobiológico que se caracteriza por la presencia de tres sintomatologías nucleares: falta de atención, impulsividad e hiperactividad.

Atendiendo a su carácter específico.

No estaría afectada la capacidad intelectual. 

No es un trastorno del comportamiento (niños movidos o traviesos).

No se debe a la educación recibida.



Síntomas principales del TDAH

Según el DSM-V (American Psychiatric Association, 2014) se deben cumplir los siguientes criterios diagnósticos:

A. Patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que interfiere con el funcionamiento o desarrollo que se caracteriza por (1) y/o (2):

(1) Inatención

6 o más de los siguientes síntomas durante al menos 6 meses en un grado que no concuerda con el nivel de desarrollo y que afecta directamente las ACTIVIDADES sociales y académicas/laborales:

Con frecuencia:  

  • Fallo en PRESTAR atención a los detalles o por descuido cometer errores en las tareas escolares, trabajo u otras actividades (p. ej. se pasan por alto o se pierden detalles, el trabajo no se lleva a cabo con precisión).
  • Dificultades para mantener la atención en tareas o actividades recreativas (p. ej. dificultad para mantener la atención en clases, conversaciones o lectura prolongada).
  • Parece no escuchar cuando se le habla directamente (p. ej. parece tener la mente en otras cosas).
  • No sigue las INSTRUCCIONES y no termina las tareas escolares, (p. ej. inicia tareas pero se distrae rápidamente y se evade con facilidad).
  • Dificultad para organizar tareas y actividades (p. ej. dificultad para gestionar tareas secuenciales; dificultad para poner los materiales en orden; descuido y desorganización; mala gestión del tiempo; no cumple los plazos).
  • Evita o le disgusta INICIAR tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido (p. ej. tareas escolares o quehaceres domésticos; en adolescentes mayores y adultos, preparación de informes, completar formularios, revisar artículos largos).
  • Pierde cosas necesarias para tareas o actividades (p. ej. materiales escolares, llaves, papeles de trabajo, gafas, móvil).
  • Se distrae con facilidad por estímulos externos.
  • Olvida actividades cotidianas (p. ej. hacer las tareas; en adolescentes y adultos, devolver las llamadas, pagar las facturas, acudir a las citas).

 (2) Hiperactividad

6 o más de los siguientes síntomas se han mantenido durante al menos 6 meses en un grado que no concuerda con el nivel de desarrollo y que afecta directamente las actividades sociales y académicas/laborales:

Con frecuencia:

  • Juguetea o golpea con las manos o los pies o se retuerce en el asiento.
  • Se levanta en situaciones en que se espera que permanezca sentado (p. ej. se levanta en clase, en la oficina, en reuniones).
  • Corretea o trepa en situaciones en las que no resulta apropiado.
  • Es incapaz de jugar o de ocuparse tranquilamente en ACTIVIDADES recreativas
  • Actúa como “si lo impulsara un motor” (p. ej. es incapaz de estar o se siente incómodo estando quieto DURANTE un tiempo prolongado, como en restaurantes, reuniones).
  • Con frecuencia habla excesivamente.

 Impulsividad

Con frecuencia:

  • Responde inesperadamente o antes de que se haya concluido una pregunta (p. ej. termina las frases de otros; no respeta el turno de conversación)
  • Le es difícil esperar su turno.
  • Interrumpe o se inmiscuye con otros (p. ej. se mete en conversaciones, juegos o actividades; puede empezar a utilizar las cosas de otras personas sin esperar o recibir permiso). 

·    B. Algunos síntomas de inatención o hiperactivo-impulsivos estaban presentes antes de los 12 años.

C. Varios síntomas de inatención o hiperactivo-impulsivos están presentes en dos o más contextos (por ejemplo, en casa, en el COLEGIO o el trabajo; con los amigos o familiares; en otras actividades).

D. Existen pruebas claras de que los síntomas interfieren con el funcionamiento social, académico o laboral.

E. Los síntomas no se explican mejor por otro trastorno mental.


Subtipos

Se diferencian tres tipos de presentaciones del TDAH, dependiendo de los principales síntomas:

  •        Presentación combinada
  •        Presentación predominantemente con falta de atención
  •        Presentación predominantemente hiperactiva/impulsiva


Prevalencia y etiología

  • Junto a la dislexia, es el trastorno más frecuente entre la población escolar y con un elevado porcentaje de fracaso escolar.
  • Los últimos estudios apuntan a una prevalencia entre 10-20% de la población.
  • Afecta por igual a ambos sexos, aunque parece que en niños el predominio es mayor en Hiperactividad y en niñas en Inatención (Fuente AEPED).
  • Existe un componente hereditario.
  • No existe duda de que el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, de origen neurobiológico que afecta a ciertas estructuras cerebrales.

 

Repercusiones y consecuencias

Muy a menudo, su esfuerzo no se corresponde con los resultados académicos esperados y esto acaba repercutiendo en muchos aspectos académicos, emocionales y sociales.

Algunas de las repercusiones más frecuentes son:

  • Problemas de afectividad
  • Dificultades para el lenguaje y aprendizaje: fracaso escolar.
  • Trastornos de la coordinación motriz (más fuerza que habilidad).
  • Ansiedad (mordedura de uñas, tics).
  • Locus de control externo: dificultad para asumir responsabilidad, culpar a otros, dificultar para saber perder…
  • Actitud desafiante, comportamiento impulsivo-agresivo.
  • Dificultades en las relaciones sociales.
  • Como el esfuerzo que realiza el niño no se corresponde con los resultados, pueden entrar en una espiral de desmotivación y rechazo al colegio. En casos más graves, podremos llegar a observar Trastornos de conducta asociados. 

 

Cuándo consultar con un profesional y realizar un diagnóstico

Esta sintomatología que, en apariencia es fácilmente detectable, puesto que es persistente en el tiempo y puede observarse en edades muy tempranas, no suele tener un abordaje precoz.

La intervención debe ser lo más precoz posible, ya que está demostrado que la neuroplasticidad cerebral en la etapa más precoz es mucho mayor y el niño estará más receptivo a las nuevas estrategias compensatorias para ayudarlo.

Pero es muy importante tener claro, que no podemos diagnosticar TDAH en niños menores de 6 años.

Aún y así, existen unos signos de alerta en edad pre-escolar para una intervención temprana que pueden ayudar a optimizar la adquisición de estrategias compensatorias a sus dificultades:

  • Tener antecedentes familiares de TDAH (padres o hermanos).
  • Una actividad motora frenética.
  • Conductas disruptivas en reuniones sociales o en el aula.
  • Carecen a veces de  sensación de peligro y se exponen a riesgos.
  • Incumplimiento continuo de las normas básicas del aula.
  • Rabietas continuas y accidentes en el hogar o en el colegio.

(Fuente Vaquerizo-Madrid J. La hiperactividad en el niño preescolar)

El diagnóstico siempre lo deben realizar Psicólogos o Psicopedagogos especializados en DEA (Dificultades específicas de Aprendizaje). Éste deber ser integral para conocer el perfil cognitivo del niño, detectar puntos fuertes y débiles y descartar otros trastornos.


El abordaje multidisciplinar

El tratamiento multidisciplinar del TDAH consiste en la intervención de uno o varios profesionales clínicos (psicólogos, logopedas, psicopedagogos) para tratar de forma global esta problemática. Consiste en la intervención en cuatro niveles diferentes:

1.Intervención familiar

La intervención activa de los padres en cualquier tratamiento psicológico es clave para su éxito. En el caso del TDAH, los padres van a necesitar orientación, asesoramiento, formación sobre el trastorno para ayudar a su hijo de la forma más adecuada. Mediante sesiones de seguimiento, les ofreceremos estas pautas específicas que necesitan.

2. Intervención escolar

Un chico con TDAH es muy probable que necesite de una serie de adaptaciones. Por tanto, es fundamental la coordinación entre el psicólogo y el centro escolar para trabajar en la misma dirección y asesorar sobre las adaptaciones escolares que cada alumno en particular necesita.

3. Intervención psicopedagógica

 La reeducación psicopedagógica en un chico con TDAH tiene como objetivos principales:

  •   Mejorar las funciones ejecutivas: atención sostenida, selectiva, velocidad de procesamiento, memoria de trabajo…
  •      Problemas específicos: Lectura, Escritura, Cálculo, Comprensión lectora...
  •      Control de la impulsividad, Reflexividad y autocontrol.
  •      Hábitos de organización y uso de la agenda.
  •      Técnicas de estudio específicas.
  •       Aumentar las automotivación.

4. Intervención clínica

Debido al déficit que tienen de atención y sus problemas de impulsividad, y también a causa del autoconcepto negativo que tienen de sí mismos, es frecuente que estos chicos puedan necesitar una intervención psicológica por parte de un psicólogo clínico. Esta intervención tiene como objetivos principales:

  •      Mejorar su autoconcepto y su autoestima
  •      Mejorar sus habilidades sociales
  •      Aumentar su autonomía y su autocontrol
  •    Tratar aquellos síntomas psicológicos asociados: ansiedad, depresión, problemas de conducta…

* Algunas formas de TDAH más severas, pueden requerir medicación. En estos casos siempre será un neuropediatra o psiquiatra infantil quien es el único capacitado para pautar el tratamiento más adecuado en cada caso.