jueves, 9 de julio de 2020

La “adicción” a las pantallas


El confinamiento ha hecho estragos con el tema de las pantallas entre niños, adolescentes e incluso bebés. Lo sabíamos, los padres éramos conscientes y sentirnos “malos padres” ahora no ayuda en nada.
Hemos hecho lo que realmente hemos podido ante una situación tan excepcional. Combinar el teletrabajo y el cuidado de los niños era tarea casi imposible. Y por otro lado, el encierro fomentaba la falta de actividades nuevas con las que poder entretenerse.

Y ahora tenemos por delante un verano atípico, donde quizá ir a la playa o la piscina no sea tan fácil, los campamentos muchos padres los han descartado ante tanta incertidumbre… Por tanto, ahora si puede ser buen momento para plantearse si el tema de las pantallas “se nos ha ido de madre” y hay que reconducirlo.

Definición. ¿Uso abusivo o adicción a las nuevas tecnologías?
A pesar de que la literatura cien­tífica ha presentado en los últimos años muchos estudios sobre el abuso de las nuevas tecnologías, todavía no existe un criterio único entre la comunidad científica a la hora de considerarlo un trastorno adictivo o no.

A pesar de esta falta de unanimidad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye en la  Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), por primera vez el trastorno por videojuegos como un trastorno mental más y lo define como: “un comportamiento persisten­te o recurrente de juego” –ya sea online u offline– que se manifiesta a través de tres signos:

  1. Ausencia de control en la conducta de juego en cuanto al inicio, frecuencia, intensidad, duración, finalización y contexto en que se juega.
  2. Prioridad que se otorga a los juegos frente a otros intereses vitales y actividades diarias
  3. Persistencia de la conducta o incremento de esta “a pesar de las consecuencias negativas asociadas”.


El patrón de juego debe ser grave y además producir un deterioro significativo en el ámbito personal, fami­liar, social, académico, laboral u otras áreas de funcio­namiento. La sintomatología debe evidenciarse en un periodo de, al menos, doce meses o en menor tiempo si se dan todos los criterios reseñados y la sintomato­logía es graves.
Por otro lado, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana DSM-V (2013) no incluyó la adicción a las nuevas tecnologías y únicamente reconoce al juego (“ludopatía” anteriormente) como única adic­ción comportamental.
Pero más allá de las definiciones científicas, y aunque “científicamente” todavía no podemos hablar de adicción, todos sabemos que año tras año aumentan los casos de niños cada vez más pequeños con verdaderos problemas con el abuso de las pantallas.
¿Qué hacer? Cómo fomentar un uso responsable
A veces, ante la preocupación por una posible adicción a las pantallas, las familias acuden a Google en busca de respuestas. Internet nos puede ofrecer información muy valiosa, pero también podemos encontrarnos con titulares tan escandalosos como Fortnite recibe demanda por ser más adictivo que la cocaína. Y esto lo único que va a hacer es aumentar nuestra angustia y nuestra culpa.

Las pantallas, bien utilizadas pueden ser un instrumento básico en la información, la comunicación, la formación y el entretenimiento de nuestros hijos y de nosotros mismos. Por tanto, que nuestros hijos hagan un uso responsable de las pantallas es responsabilidad nuestra. Al final, de lo que se trata es de conseguir que puedan desarrollarse personalmente, crecer saludablemente y, que sepan divertirse y entretenerse con ellas de forma saludable.
Cómo fomentar el uso responsable.
Poner normas y límites será fundamental para que los menores aprendan a convivir con el mundo digital de una forma saludable.
En primer lugar, respecto al tiempo de uso, la Asociación Americana de Pediatría (AAP) establece lo siguiente:
  • 0 – 2 años: Nada de pantallas
  • 2– 5 años: Entre media y una hora al día
  • 7– 12 años: Una hora con un adulto delante. Nunca en horas de comidas.
  • 12 – 15 años: Una hora y media. 
  • Más de 16 años: Dos horas. 

Quizá algunos padres os estéis echando las manos a la cabeza ahora mismo, yo misma me he excedido en el confinamiento y en alguna otra ocasión. Pero esto, no quiero que os haga culpabilizar. Nuestra intención es ofreceros información veraz para que vosotros, como padres, decidáis lo que es mejor para vuestros hijos.
Por otro lado, estas “recomendaciones” creemos que pueden ser de utilidad.
Explicarles los beneficios y riesgos, informarles de los tipos de contenidos, enseñarles a navegar y hacerlo con ellos. Puede ser muy útil usar un tipo de contrato donde se especifique su uso. En @empantallados tenéis un montón de recursos útiles, como el contrato para su primer móvil. También podéis mirar su web porque es muy interesante.
  • Las pantallas es mejor que estén en zonas comunes.
  • El contenido debe ser acorde a la edad del niño. En caso de videojuegos podemos basarnos en el código PEGI. Y recordemos también el uso del control parental.
  • Dar ejemplo. Un recurso útil puede ser usar una pequeña caja en el recibidor donde dejemos el móvil al llegar cierta hora y sólo lo cojamos si recibimos una llamada importante, por ejemplo.
  • Interaccionar con el niño o joven e interesarnos por el juego que le gusta o los dibujos que ve en la Tablet. De esta forma procuraremos evitar el aislamiento y estaremos informados sobre los contenidos que ven. Conviene hablar frecuentemente con ellos sobre las páginas que utilizan y para qué.
  • Evitar el uso de pantallas a la hora de comer, ya que en niños pequeños hace que se hipnoticen y coman sin ser conscientes de ello. Y en niños más grandes, nos aislamos y evitamos la comunicación familiar.
  • Por supuesto, evitar el uso de pantallas al menos una hora antes de ir a dormir, ya que la luz azul los activará y afecta al sueño.
  • Es recomendable que las pantallas no se conviertan en un “chantaje”, esto se refiere tanto a los premios como a los castigos. Lo que queremos es que nuestros hijos hagan un uso responsable de las pantallas, por eso es recomendable que no se las regalemos por sacar buenas notas y se lo retiremos porque nos han contestado mal. De esta forma los estamos intentando “adiestrar”, pero como muchos padres habréis comprobado esto funciona muy poco tiempo. Por tanto, siempre será mejor relacionarlas con responsabilidad y establecer unos límites claros. Si se cruzan esos límites, sí que retiramos la pantalla de forma temporal. Pero eso no es un castigo, es una consecuencia directa de sus actos.
  • Evitar que accedan a contenidos de riesgo (bulimia, anorexia, violencia, pornografía, pedofilia, etc.). Estableciendo programas de control parental.
  • Proteger todos los dispositivos con conexión a la red con antivirus, bloqueos de pantalla, contraseñas y códigos fuertes.
  • Enseñarles el valor de la privacidad. Lo que se sube a la Red permanecerá para siempre.
  • Enseñar siempre el respeto a los otros y hablar con ellos sobre el ciberbullyng:   cuando entre menores se insultan, amenazan, chantajean y humillan a través de una red social.
  • Cuando son más mayores, informarles sobre el sexting: envío de material erótico o pornográfico a través de una red social.
  • Informarles sobre el fenómeno del grooming: se produce cuando un adulto se hace pasar por menor, para chantajearle y abusar sexualmente de él.
  • *Ante un caso de sospecha o certeza de ciberacoso o grooming se debe actuar siempre de forma inmediata. Hay que alejarles del acosador y denunciar el hecho. Si la situación es grave pida ayuda a un profesional.
  • Recordarle siempre a nuestr@ hij@ que no debe contactar ni seguir en redes sociales a quien no conoce en la vida real. Y mucho menos acudir a una cita.
  • Y por supuesto, no olvidarnos de seguir fomentando otras actividades como la lectura, la naturaleza, el deporte, momentos en familia, momentos de visitar a amigos o familiares, colaborar en casa, etc.


Cómo identificar si tu hijo tiene un problema de uso abusivo de las tecnologías
  • Se encierra en su habitación más de lo habitual.
  • Le cuesta salir de casa.
  • Baja su rendimiento escolar de forma repentina.
  • Notamos cambios físicos como bajada de peso, cansancio o somnolencia.
  • Los problemas de sueño suelen ser frecuen­tes (Insomnio de conciliación) tanto por alargar los tiempos de conexión hasta altas horas de la noche o madrugada,  como por la disminución de horas de sueño y la dificul­tad a la hora de levantarse por la mañana (hipersom­nia).
  • La mentira y la manipulación sobre el tiempo real del uso de las pantallas suele ser habitual, como las quejas de los más próximos (padres, hermanos) sobre su utilización permanente.
  • Deterioro en su vida social: cambia de amigos o sólo se relaciona con aquellos con quien “comparte juego”. En general, sólo puede mantener una amistad más o menos sólida con otros jóvenes que juegan muchas horas al día.
  • Se muestra agresiv@, contesta mal o cualquier otro cambio brusco en su carácter.
  • Se irrita, o incluso se vuelve violent@ cada vez que intentamos que apague el móvil o el PC.

En casos más graves, la ayuda psicológica es imprescindible. No sólo el joven deberá acudir a tratamiento, la intervención familiar es vital para el éxito del tratamiento. 
Aún recuerdo un caso que llevamos conjuntamente nuestro equipo de un chico que se pasó todo el verano encerrado en su cuarto con las persianas bajadas jugando a videojuegos online. El nivel de aislamiento y de patología en este caso era muy grave.
Este caso sin duda, tenía una similitud asombrosa con el fenómeno Hikikomori. Esta palabra deriva del verbo hiki, que sería como “retirarse o atrincherarse”, y de komoru, que significa “entrar”. Este fenómeno se originó en Japón en los 90, pero en la actualidad también se da en otros países, como en España por ejemplo.
Los hikikomoris son personas que viven completamente aisladas en sus casas, sin ningún tipo de contacto social más allá de la interacción a través de las pantallas. No acostumbran a salir de casa si no es estrictamente necesario.
Al principio se relacionó esta conducta con la adicción a los videojuegos, así como a los cómics y dibujos animados japoneses (Manga y Anime). No obstante, en la actualidad, los psicólogos creemos que es un fenómeno mucho más complejo en el que pueden intervenir multitud de factores como: un posible acoso escolar, sobreprotección de los padres, problemas familiares, falta de expectativas futuras, patología psiquiátrica previa, etc.
Sin duda, esto es un caso extremo. Y no hay que esperar ni mucho menos a llegar a esto. En el momento que veamos que no podemos solos ante esta situación, pedir ayuda profesional es señal de responsabilidad y sentido común.








No hay comentarios:

Publicar un comentario